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Venezuela y la democracia

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo . La forma ´perfecta´de la democracia burguesa son las elecciones. Son perfecta si a ...

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LOS RICOS NO VAN A LA GUERRA

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Qué sostiene a la élite oligárquica colombiana en el poder?

Hernando Vanegas Toloza, Postales de Estocolmo.

La permanencia de la oligarquía en el poder en Colombia  durante más de 200 años solo ha sido posible mediante el ejercicio violento de ese poder. 

Igualmente su modelo de acumulación capitalista ha sido posible -en parte actualmente- mediante el despojo de tierras (recordar La Violencia y los más de 300.000 víctimas mortales y más de dos millones de campesinos desplazados forzosamente), que sumada a la reparticiña de la corrupción y los negocios fraudulentos de los "cocotudos" empresarios engrosaban los bolsillos de la élite a costa de la miseria y pobreza del resto de colombianos.

Qué sostiene esa oligarquía en el poder? Cuáles clases sostienen a esa oligarquía?  

Fuerza Pública y ejercicio violento del poder

Evidentemente que lo que sostiene a la élite oligárquica en el poder son las fuerzas militares, es decir, la Fuerza Pública conformada por militares y policías. Sin el concurso del aparato represivo del Estado nunca sería posible ejercer el poder de manera tan violenta.

Desde siempre, desde antes de la Masacre de las Bananeras –más de 1.000 asesinados por los militares en la Zona Bananera de Santa Marta-, la represión a sangre y fuego ha sido la constante en el tratamiento dado a las justas protestas de los trabajadores por mejores condiciones labaorales y salariales. Ese ejercicio violento ha hecho posible implantar todas las políticas económicas dictadas por el imperialismo estadounidense y aplicadas por la élite oligárquica en el poder, en favor de las multinacionales (United Fruit Co en 1928) y los empresarios criollos.

• Guerra contrainsurgente

La guerra contra-insurgente desatada desde 1964 con el Ataque a Marquetalia bajo el amparo de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) ha permitido desarrollar una guerra de baja intensidad, sucia, cuyas víctimas principales no han sido las guerrillas, sino las clases campesinas y los indígenas, a más de convertir Colombia en laboratorio contra-insurgente ha posibilitado aplicar el más aberrante Terrorismo de Estado y convertido a Colombia en el 2o país con mayor pie de fuerza de suramericano, después de Brazil, con unas hipertrofiadas Fuerzas Militares con casi 500.000 unidades desplegadas en escenarios de Guerra ante la protesta popular en todo el territorio nacional.

• Terrorismo de Estado 

Ese Terrorismo de Estado aplica los principios del “enemigo interno” y de “secarle el agua al pez”, siendo el pez las guerrillas insurgents armadas y el agua las masas campesinas e indígenas, incluso los sectores populares habitantes de las ciudades y pueblos colombianos.

Al calor de tal política se adelanta la reprimión al pueblo trabajador de las ciudades, a los campesinos, a los indígenas, y las fuerzas estatales entran a barrer con toda Resistencia popular “a sangre y fuego”.

Las cifras están a la luz para el escrutinio de todo aquel que quiera ver. Las cifras aportadas por el CNMH –el Centro Nacional de Memoria Histórica-, nacido a raíz de la Mesa de Conversaciones entre las FARC-EP y el gobierno colombiano, el cual hoy quiere ser cooptado por el Ministerio de Defensa colombiano, son apenas una parte del drama humanitario padecido por el pueblo colombiano.
Según el CNMH el conflicto interno ha dejado 220.000 víctimas mortales y más de 7,5 millones de desplazados internos, a quienes les han robado 8,5 millones de hectáreas, una auténtica Reforma Agraria regresiva. Tal enormidad no nos cabe en la cabeza y siempre nos preguntamos, cómo ha sido posible haber sumado tal cantidad de seres humanos asesinados? Por qué llegamos a ese cuadro demencial? Tal cantidad de muertos ha sido posible con prácticas criminales como:
* la desaparición forzada (70.000 víctimas, 97,7% responsabilidad del estado),
*las masacres (casi 4.000 masacres, 83,3% responsabilidad del estado),
* ejecuciones extrajudiciales (83% responsabilidad del estado, de ellas más de 3.500 ejecuciones cometidas durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez),
* y desplazamiento forzado (una forma de redistribuir la tierra a favor de los terratenientes y ganaderos, 100% responsabilidad del estado, por acción u omisión).
Como se deduce de esa responsabilidad estatal, las guerrillas –FARC, ELN, M-19, EPL, Quintín Lame, etc- son apenas responsables entre todas de menos del 15 % . Sin embargo, en el mundo circulan los errores atribuídos a las guerrillas, en tanto se silencian los horrores provocados por las fuerzas militares-narcoparamilitares del estado colombiano, el cual, como dice Jens Holm, practica el Terrorismo de Estado mientras se autotitula la “democracia más antigua” de Suramérica.
Clase política

Un pilar fundamental del sostén oligárquico en el poder es su clase política. El siglo pasado se dió una transformación de esa clase en el poder, la cual ante la posibilidad de perder su poder, recurre al asesianto de sus contradictores políticos incentivando el Terrorismo de Estado.

La ”clase política” carcomida desde siempre por la corrupción, encuentra en el narcotráfico el aliado idal con los miles de millones de dólares para “invertir” en sus campañas política y hacer el acceso de las clases populares a cargos de representación electoral un imposible. Ningún hijo de pueblo puede competir en condiciones de igualdad con la maquinaria impúdica de clase política-narcotráfico, maxime cuando a ello precede la utilización de las bandas dedicadas al narcotráfico en las tareas de contra-insurgencia,, conformando el binomio impúdico del narco-paramilitarismo, el cual permitiría adelantar la “guerra sucia” sin “mancharse las manos” por parte de las fuerzas estatales y poder así lavar sus ensangrentadas manos y caras.

Es de resaltar que la clase política oligárquica empotrada en el Congreso legislaba una legislación de guerra contra el pueblo colombiano, dándole un viso de “legalidad” a cuantas aberrantes leyes producían en contra del pueblo, al punto que hoy día, aún hoy, la legislación colombiana es una legislación para la Guerra.
  
Indiferencia clases populares

La ruptura del tejido social popular ha llevado a la desarticulación de la protesta popular, protesta que ha continuado a pesar del Terrorismo de Estado. Desde luego que ante la mortandad de dirigentes populares, el pueblo ha sido presa fácil de la indiferencia ante la posibilidad de “ejercer política” a fin de satisfacer sus necesidades básicas primarias –primer incumplimiento del estado fallido colombiano-, lo cual se traduce también en la poca capacidad de convocatoria de la oligarquía a las elecciones y el abtencionismo sempiterno, mayor del 60% en casi todas las elecciones.

Nuevos tiempos

A raíz de la firma del Acuerdo Final por una Paz estable y duradera entre las FARC-EP y el gobierno de JM Santos comienzan a correr nuevos tiempos en Colombia. Se comienza a producir la recuperación del tejido social popular y sectores importantes de la vida popular están reorganizando sus organizaciones y reestableciendo los vasos comunicantes entre las organizaciones.

Prueba de ello lo tenemos en la avalancha de visitas que a diario se producen en las Zonas Veredales, sitios de concentración de la guerrilla de las FARC-EP, lo que a su vez da un mentís a la aseveración de los medios de comunicación en poder de la oligarquía –en el poder y fuera de él- del aislamiento de las FARC-EP del conjunto del pueblo.


Ello será mucho más ágil, rápido, una vez se haya realizado el Congreso Constitutivo del Nuevo Partido Político que nacerá de las FARC-EP. Comienza ahí, de verdad verdad, una nueva etapa de la vida política colombiana, ensanchando las avenidas de la democracia, una democracia popular, que luchará porque el poder llegue a manos del pueblo.

La Colombia negada, del posconflicto al recrudecimiento del paramilitarismo

TeleSUR. 
Por: CELAG 

Ocurre que el paramilitarismo –una fuerza latente en el territorio colombiano incluso después del fallido proceso de desmovilización durante el Gobierno de Álvaro Uribe[1]– viene dando muestras de fuerte presencia territorial desde inicios del 2016...
La contradicción que da inicio a este informe invita a reflexionar frente a un concepto que ha sido sobreexplotado en Colombia: el posconflicto, la palabra compuesta que dio lugar al desarrollo de todo un nuevo marco discursivo del Gobierno de Juan Manuel Santos, por medio del cual se resume un contexto con muchas más complejidades que las evidentes, las cuales derivan en dinámicas de conflictividad social que no dejan de ser persistentes.
Más allá de las situaciones de desigualdad social, el escaso desarrollo de oportunidades efectivas en la población juvenil, la falta de cobertura institucional en diversas zonas del país y los altos niveles de pobreza que afectan todos los ámbitos territoriales, existen otros factores que dificultan la efectiva finalización de la conflictividad social. Estas son las condiciones de preexistencia de una serie de grupos armados, redes de apoyo al terrorismo y la colonización del territorio por parte de actores ilegales vinculados al narcotráfico y/o grandes terratenientes, así como a empresas extranjeras asociadas a la explotación de recursos naturales. La articulación de estos factores ha dado lugar a la evidencia de otras dinámicas de violencia territorial asociadas a la ocupación de bandas paramilitares, ahora denominadas Grupos Armados Post-desmovilización (GAPD), que empiezan a ocupar las zonas donde hay un manifiesto vacío de poder institucional, y a presionar de forma violenta a líderes y lideresas sociales.
Ocurre que el paramilitarismo –una fuerza latente en el territorio colombiano incluso después del fallido proceso de desmovilización durante el Gobierno de Álvaro Uribe[1]– viene dando muestras de fuerte presencia territorial desde inicios del 2016, cuando, coincidiendo con una manifestación del Centro Democrático, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) dieron inicio a un “paro armado” en Antioquia, Costa Atlántica y Costa Caribe. Durante el paro las AGC implantaron un toque de queda amenazando a los ciudadanos con panfletos y grafitis. Según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), se registraron una treintena de ataques y cuatro asesinatos[2].
A partir de entonces, los focos regionales paramilitares vinculados inicialmente con actividades delincuenciales comenzaron a adquirir un discurso político asociado a la extrema derecha, de ahí que el paro armado comenzara un día antes de la masiva movilización uribista del 2 de abril de 2016. La respuesta oficial frente a estos ataques fue de omisión y se orientó a transmitir un mensaje de normalidad, un ejercicio que han mantenido hasta la actualidad, cuando el problema ya empieza a escapar de sus manos.
Todavía sin una clara política gubernamental de respuesta, estos grupos que han adquirido a lo largo del tiempo diversas denominaciones (BACRIM, Grupos Armados Organizados y Grupos Armados Post-desmovilización) poco a poco amplían y optimizan su estrategia de comunicación. En particular a través de Internet, por medio de su página web y de la red social Twitter[3], donde hacen alarde del control de armas en territorio, así como de presencia callejera.
Pero su estrategia no se centra únicamente en el ámbito rural, en las zonas urbanas líderes sociales y maestros reciben frecuentes amenazas de bloques asociados a dichas zonas. Recientemente, 24 profesores del área de ciencias sociales y tecnología del Colegio Distrital Benjamín Herrera[4] fueron amenazados por el Bloque Capital de las Águilas Negras, otro conocido grupo paramilitar que opera en el país.
Según el Programa Somos Defensores, en su Informe Anual 2016 – Sistema de Información sobre Agresiones contra Defensores de Derechos Humanos en Colombia, la situación más alarmante tiene que ver con los asesinatos a líderes sociales en desproporcionado aumento. Las agresiones se redujeron de 2015 a 2016 un 29%, pasando de 682 agresiones reportadas en 2015 a 481 en 2016. Sin embargo, para 2016 se reportaron 80 casos de homicidios y 49 casos de atentados contra líderes sociales, mientras que en 2015 tuvieron lugar 63 homicidios y 35 atentados. Además de este tipo de agresiones se reportó que el 67% de los casos se trata de amenazas, el 4% detenciones arbitrarias y 0,1% de violencia sexual. Un total de 44 asesinatos fueron cometidos, según la organización, por grupos asociados al paramilitarismo[5].
En 2017 el panorama no ha cambiado; según la plataforma de contenidos para la generación de paz en Colombia, ¡Pacifistas!, el número de líderes sociales asesinados supera la veintena en lo que lleva de transcurrido el año 2017[6], y asciende a 31 desde el comienzo de los acuerdos entre el Gobierno y las FARC en noviembre de 2016. La ONU ha registrado la proliferación de asesinatos en Colombia. El 16 de marzo del corriente año, Todd Howland, el representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en el país, presentó el informe anual alertando sobre el aumento de los ataques a activistas sociales. Del informe se desprende que, entre los autores de los asesinatos y amenazas se encuentran, en primer lugar, grupos paramilitares, seguidos de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidentes de las FARC. Howland, agregó que el Gobierno colombiano debe “reconocer que estos asesinatos son un problema”[7] y conformar alianzas como forma de prevenirlos. El funcionario destacó que los casos ocurrieron principalmente en áreas recientemente desocupadas por las FARC pero con histórica presencia de  la guerrilla, dónde la actividad económica principal es de carácter ilícito, cultivos de coca y la minería ilegal[8].
A estas denuncias se ha sumado el viernes 21 de abril la presentada por Amnistía Internacional[9], que atestigua una oleada de asesinatos a líderes indígenas en zonas históricamente expuestas al conflicto armado, la mayor parte de ellos en el suroeste del país. El patrón común de las víctimas fatales –mayormente afrocolombianos, campesinos, indígenas– es constituirse en miembros o líderes de procesos sociales y políticos a través de Juntas de Acción Comunal (JAC), la Guardia Campesina y resguardos indígenas; otros pertenecían a asociaciones de izquierda tales como COCCAM, Fensuagro, Marcha Patriótica, Congreso de los Pueblos, Partido Comunista o la Unión Patriótica[10].
La implementación de acuerdos fue ineficaz en la protección a líderes tras la desocupación de las FARC y actualmente el debate se centra en el carácter sistemático o no de las matanzas. El Gobierno nacional no reconoce el accionar del paramilitarismo. El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas[11], señaló que las autoridades no encuentran un patrón común entre el asesinato de líderes y activistas por los derechos humanos. Mientras tanto el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, sostuvo durante el lanzamiento del informe que el Estado tiene “grandes desafíos en materia de control territorial y presencia institucional” en muchos territorios dejados por las FARC. Lo cierto es que previo a que el Gobierno y las FARC cerraran el acuerdo de paz, la guerrilla ha apremiado a Santos a tomar medidas para frenar la oleada de asesinatos de los líderes sociales.
La guerrilla y distintas ONG, coinciden en que las muertes son producto del accionar paramilitar. Sin embargo, el Gobierno ha desestimado esa versión reiteradamente y atribuye la culpa a bandas criminales dedicadas al narcotráfico. El ministro de Defensa aseveró que no hay documentación que logre comprobar que fuerzas paramilitares estarían detrás de los asesinatos de líderes sociales en el país, como dice el informe anual de Derechos Humanos de la ONU para Colombia. La omisión gubernamental es preocupante especialmente de cara a los comicios de 2018 puesto que ante el negacionismo –de la existencia de grupos paramilitares- por parte de las autoridades, la situación podría verse agravada.

Colombia: Julio César Rivera, fue elegido como alcalde de Tumaco

Tomado de Pacocol
Por Telesur


Son los primeros comicios celebrados en un territorio donde existe una zona de transición de las FARC- EP, tras la firma del acuerdo de paz.


Con 28.788 votos, Julio César Rivera de la organización indígena y partido político Movimiento de Autoridades Indígenas, fue elegido como alcalde de Tumaco, luego de las elecciones atípicas que se realizaron en este municipio del departamento colombiano de Nariño.

Según la información de las autoridades, el proceso electoral se cumplió en total calma y con presencia del propio registrador nacional, Juan Carlos Galindo, acompañado por cerca de 90 funcionarios de la Registraduría.

La peculiaridad de este proceso electoral se encuentra en que son los primeros comicios celebrados en un territorio donde está enclavada una zona veredal de transición de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC- EP).

La elección fue convocada luego de que el Consejo de Estado confirmara en diciembre pasado el fallo del Tribunal Administrativo de Nariño que anuló la elección como alcaldesa de María Emilsen Angulo Guevara para el periodo 2016-2019 por estar inhabilitada.

Tumaco, puerto sobre el Pacífico de unos 210.000 habitantes, es un municipio colombiano en el que operaban las  las FARC-EP, además de bandas criminales dedicadas al narcotráfico y otros delitos.

Las elecciones fueron custodiadas por 1.500 policías ante la alerta que había emitido la ONG Misión de Observación Electoral (MOE) sobre posibles desórdenes en la jornada.

La MOE había expresado su preocupación por las protestas que han realizado en Tumaco este mes campesinos cocaleros que han terminado en disturbios, cierre de vías, quemas de vehículos y retenciones ilegales, acciones en las cuales murió un policía.

Brazil: "Sólo por medios neogolpistas se evitará el triunfo de Lula en las elecciones”





Si las próximas elecciones en Brasil transcurren democráticamente en 2018, asegura Dilma Rousseff, "estoy segura que Luis Inácio Lula da Silva gana". Pero la presidenta derrocada hace cerca de un año mediante un golpe parlamentario no es muy afecta a hacer pronósticos. Acto seguido agrega un toque de alerta: "a no ser que por medios neogolpistas se invalide un proceso de elección libre, directa, donde se respete el voto popular". Por un breve momento se le escucha desalentada: "el fantasma del golpe de Estado sigue rondando Brasil".

En su entorno, a Dilma Rousseff la siguen llamando señora presidenta. Hace un año, en Brasilia, se echó a andar la maquinaria del Congreso para desaforarla y destituirla, con acusaciones nunca comprobadas de corrupción. Actualmente, los grandes consorcios mediáticos brasileños evitan entrevistarla. “Hoy, parte de los medios, la red O Globo principalmente, están cerrados para mí. Para hacerme escuchar he tenido que recurrir a los medios internacionales”. Este domingo llegó a México.
La ex presidenta constitucional, abuela, economista, aficionada a la bicicleta, hace una pausa durante una gira por varias ciudades de Estados Unidos para una entrevista con La Jornada. Toca media docena de temas, a veces enfática, a veces divertida, otras indignada, como cuando se refiere al entramado judicial que llevó a su derrocamiento, sin prueba documental alguna.
Y relata un episodio de "las extrañísimas cosas" que están pasando en su país.
"Tal vez desde afuera no se entienda perfectamente bien cómo es esta situación. Te doy un ejemplo. Hace algunos días, un noticiario que dura cuatro horas y media, dedicó una hora completa para hablar de las acusaciones contra Lula y contra mí. Mientras, la noticia del día era que el señor presidente ilegítimo de la República recibió un soborno de 40 millones de dólares. El sábado siguiente Michel Temer fue a otro noticiario de televisión. Y dijo esto, mientras se le veía muy cómodamente sentado ante las cámaras: la ex presidenta Dilma no hubiera sido sometida al juicio político si ella hubiera aceptado el chantaje que le propuso el senador Eduardo Cunha (que hoy está en la cárcel sentenciado a 15 años). Fíjate: hubo una confesión pública del presidente aceptando que el golpe contra mí fue una venganza, por no haber aceptado ser chantajeada. Si te preguntas, ¿esto salió publicado en algún periódico? ¿En redes sociales, en las revistas, en algún otro noticiario de televisión? No. Sólo al día siguiente los medios mencionaron el tema de la venganza. Pero en poco tiempo el tema desapareció completamente".
Durante la conversación, Dilma Rousseff enfatiza el tema de la misoginia, que fue una de las cartas que los golpistas usaron en su contra para debilitarla políticamente.
Analiza la nueva correlación de fuerzas en América Latina, donde Brasil y Argentina, otrora grandes jugadores, ya no tienen influencia. "No voy a hablar de Argentina, que no es mi país. Pero de Brasil sí. Brasil está con la cabeza baja y mientras siga así no será respetado".
Desestima la posibilidad de que el gobierno de Barack Obama hubiera jugado alguna parte en el golpe. "La élite política brasileña, intrínsecamente golpista, no necesita esa ayuda. No creo que su gobierno estuviera involucrado; pero, por otra parte, creo que Estados Unidos pudo haber tenido información, por la forma como espiaba a nuestro gobierno".
Pero, sobre todo, habla de sus preocupaciones por el futuro inmediato de su país. "Brasil está viviendo un proceso acelerado para imponer un Estado de excepción, con medidas específicas que corroen la democracia. ¿Con qué resultados? Pues que lejos de desacreditar a Lula su popularidad ha crecido. Porque la gente ya no cree en esa campaña. La gente está percibiendo las contradicciones en esta posverdad, por decirlo como se usa ahora. Los índices de aceptación del gobierno son muy precarios, de alrededor de 5 por ciento".

Un cuadro bastante grave
Blanche Petrich.– ¿Considera que Michel Temer, ultraconservador, neoliberal ortodoxo, podrá desmantelar el proyecto de bienestar social que construyeron usted y el ex presidente Lula durante 13 años?
Dilma Rousseff.- En Brasil se dio el golpe para desmantelar las políticas sociales y de desarrollo y para encaminar al país, política, social y económicamente, hacia el neoliberalismo. Se han eliminado las políticas sociales, se ha vendido el patrimonio público, se han desmantelado algunas empresas estatales.
Por ejemplo, el Congreso ilegítimo aprobó una enmienda que congela durante 20 años el gasto en salud y educación. Es una medida que evidencia su carácter eminentemente autoritario, y más que eso inconstitucional. Esta legislatura privó a los cinco congresos futuros del derecho de decidir cómo, dónde y cuándo se gastan los recursos públicos. Con esto lograron dos cosas: quitaron el acceso al financiamiento público a los pobres y a las clases medias. Y quitan cualquier poder de decisión a los gobiernos futuros.
Por otra parte, ellos ya empezaron a vender el patrimonio nacional, los recursos petroleros, las tierras, a quien quiera que venga, incluso a los capitales extranjeros.
Así que, como usted puede ver, es un cuadro bastante grave. ¿Pero qué es lo que está pasando? Que todo este retroceso que estamos viviendo ocurre en medio de una gran contradicción.
En la medida en que se acercan las elecciones del año próximo la situación se vuelve más difícil para estos senadores y diputados que optaron por su suicidio político cuando aprobaron las reformas antipopulares. Al mismo tiempo hay un desgaste inmenso del gobierno.
Por otra parte, sube la popularidad y la aprobación hacia la figura del presidente Lula da Silva. Eso ha creado una situación de pausa.
Entonces, mi respuesta es: sí están logrando desmantelar lo que fue nuestro proyecto, pero al mismo tiempo hay una lucha en curso, una gran lucha popular. Por tanto, desmantelar todo no será algo fácil.

¿Frenar la corrupción, o la lucha anticorrupción?
Blanche Petrich.- Entre tanto, transcurre toda esta avalancha de acusaciones y juicios por corrupción que han alcanzado ya a ocho ministros, 24 senadores, 39 diputados federales, tres gobernadores y un juez del tribunal de la cuenta pública. Me imagino que esto representa también un freno importante al intento del gobierno de facto de dar marcha atrás a todo…
Dilma Rousseff.- Sin duda. Cuando ellos dieron el golpe lo hicieron en torno a tres lógicas. La primera de ellas, de género. Usaron todos los estereotipos. La mujer es débil, el hombre es fuerte. La mujer es frágil desde el punto de vista emocional, el hombre es sencillo. La mujer es obsesivo-compulsiva frente al trabajo, el hombre es un trabajador emprendedor.
Pero el motivo principal fue evitar que las investigaciones anticorrupción que estaban en curso llegaran a ellos. Esto es importante destacarlo, porque nunca queda claro que fueron precisamente las condiciones legales e institucionales que impulsó primero el ex presidente Lula y después yo misma para avanzar en la lucha anticorrupción.
Hoy sabemos, porque el propio señor Temer lo ha dicho, que la razón por la que me derrocaron fue una venganza, precisamente porque no impedí que avanzaran las investigaciones contra la corrupción. Tampoco las impidió el ex presidente Lula en su tiempo.
En la medida en que las investigaciones avanzaron, se reveló un entramado de corrupción gigantesco que involucra a otros actores. Pero nos siguen señalando a nosotros. A Lula, por ejemplo, el procurador lo acusa. Se le piden pruebas y él solo responde que no tiene pruebas, que no las necesita; que tiene convicciones. Y a partir de sus convicciones está decidido a impedir que Lula sea candidato.
Ahora se sabe que los expedientes de la corrupción alcanzan a muchos más. Ahora todos los dirigentes de los partidos son acusados de recibir dinero del exterior para sus campañas. Y a mí nadie puede decirme que recibí dinero del exterior, ni para mi campaña electoral ni para mi enriquecimiento personal.
Blanche Petrich.- Lo más reciente son los señalamientos del entramado Odebrecht. Cuando el escándalo está afectando ya seriamente a Michel Temer, surgen declaraciones que quieren involucrarlos, a usted y a Lula. Ustedes aseguran que no hay ninguna prueba que lo sustente.
Dilma Rousseff.- Ninguna. Es muy fácil hablar y acusar sin necesidad de comprobar nada. ¿Me informaron de la entrada de esos recursos (de la empresa Odebrecht a su campaña) por escrito? No. ¿Me lo informaron verbalmente? No. En cuanto a las acusaciones contra el presidente Lula, ya habían salido a la luz, ya todo estaba aclarado.
Después de casi un año de investigaciones, ¿qué se descubre? Que esa contribución ilegal había sido para el Partido del Movimiento Democrático del actual presidente Temer y que el cheque nominal en cuestión fue emitido para él. ¿Y qué dijo el delator? Simplemente me equivoqué, no hubo propina, no hubo soborno. Cuando nosotros pedimos que esta declaración fuera anulada, porque se comprobó que faltó a la verdad y cometió perjurio, nos denegaron la anulación y la declaración fue archivada.

El gigante del Cono Sur, con la cabeza baja
Blanche Petrich.- Brasil tiene una gran influencia en la región latinoamericana. Por la vecindad con Argentina y por las similitudes en las políticas de Michel Temer y Mauricio Macri, presidente de Argentina, el otro gran jugador en la zona, ¿qué impacto tiene este giro a la derecha en las relaciones regionales? ¿Usted está de acuerdo con la idea generalizada de que en América Latina llegó a su fin el ciclo progresista?
Dilma Rousseff.- Lo que yo diría es que el ciclo progresista está sufriendo un grave ataque de los grupos conservadores y de los presidentes Macri, que llegó a la presidencia mediante elecciones, y de Temer, que llegó por medio de un golpe parlamentario con crimen de responsabilidad. Ellos comparten uno de los más violentos retrocesos en la historia de América Latina.
Nosotros teníamos un programa de relación interregional basado, primero, en el fortalecimiento de América Latina como un gran jugador internacional en un continente extremadamente desigual que llegó a tener a un grupo de gobernantes progresistas. En este momento se logró inequívocamente reducir la desigualdad, se hizo un gran esfuerzo para crecer y generar empleos, se logró recuperar parte de la industria perdida en décadas anteriores.
Este grupo de gobernantes vio en el fortalecimiento del mercado regional un gran factor de crecimiento. Actualmente estos dos gobiernos no están contribuyendo al crecimiento económico de la región, al contrario, están deprimiendo las economías.
Nosotros también vimos América Latina como un espacio de entendimiento multilateral, de respeto en medio de las diferencias. Porque las diferencias existen, políticas e ideológicas. Pero aun así conseguíamos tener una política común dentro del respeto a la democracia y a la soberanía de cada uno de los diferentes países. Ese proceso fue interrumpido.
Hoy día esta relación interregional no está entera. No están enteros ni la Unión de Naciones Suramericanas, ni el Mercado Común del Sur ni la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, los tres organismos que en ese periodo crecieron bastante.
No hablo de Argentina, porque no es mi país, pero de Brasil sí. Lo que ha hecho el actual gobierno es encuadrar su política exterior a un enfoque unilateral clásico. Dejó de ser relevante dentro del BRICS (bloque de potencias medias, formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Brasil está con la cabeza baja y mientras siga así no será respetado.

¿Hubo mano negra de Estados Unidos en Brasil?
Blanche Petrich.- En el caso del golpe parlamentario en contra de usted, ¿piensa que hubo intervención de Estados Unidos?
Dilma Rousseff.- La élite política brasileña no necesita de ninguna forma a Estados Unidos para dar un golpe de Estado. Ellos –porciones de la clase empresarial, segmentos de los grandes medios oligopólicos, que hoy dominan Brasil y que fueron elementos centrales del golpe, y las fuerzas constituidas en los partidos del Movimiento Democrático y de la Social Democracia Brasileña– son intrínsecamente, históricamente, golpistas. Tienen una tradición ultraconservadora y han dado golpes de Estado y golpes de facto. Por ejemplo, lo que hicieron durante el periodo final de Getulio Vargas, que lo llevó al suicidio.
No tengo evidencias ni creo que la administración del presidente Barack Obama estuviera involucrada en un acto de este tipo. Por otra parte, creo que pudo haber tenido información. Principalmente por el delicado caso de espionaje que hizo la agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) a Petrobras y que conocimos por las informaciones del señor Snowden. Tenemos documentado ese espionaje: para qué fue, cómo fue y cuáles fueron sus frutos. Lo que sí creo es que más adelante en este proceso nos quedará más claro cuál pudo haber sido la relación de Estados Unidos con este golpe.

2018 y el fantasma golpista
Blanche Petrich.- En las encuestas que se publican estos días se da una gran ventaja a Lula como vencedor de las elecciones de 2018. ¿Ve posible el regreso de Lula y de usted al escenario político de Brasil? ¿No les afectan las nuevas declaraciones de los implicados en el caso Odebrecht, que ahora intentan inculparlos?
Dilma Rousseff.- Desde hace dos años estamos sometidos a una violenta campaña. En mi caso, el juicio político. En el de Lula estamos viendo un intento salvaje de deconstrucción de su imagen. ¿Porqué? Por que Brasil está viviendo un proceso acelerado para imponer un Estado de excepción, con medidas específicas que corroen la democracia. ¿Con qué resultados? Pues que lejos de desacreditar a Lula su popularidad ha crecido. No sé qué va a pasar en el futuro. Lo que sí puedo decir es que no tengo dudas de que, si hay elecciones en cualquier momento, de hoy a dentro de dos años, Lula será el ganador. Pero del mismo modo digo que el fantasma de un golpe de Estado sigue rondando a Brasil.
Yo sostengo que hubo un elemento mediático fortísimo en este golpe. Y la intención es advertir a cualquier gobierno futuro que quiera introducir una regulación económica a la operación de los medios de comunicación. No se pretendía una regulación de contenidos, que en efecto es una actitud dictatorial, una forma de reprimir la libertad de prensa. Hablamos de regulación económica en los medios, que tiene otro objetivo. Intenta regular la libre competencia y acabar con los monopolios.
Blanche Petrich.- ¿Porqué en su gobierno, o el de Lula, no hubo reformas para controlar los poderes monopólicos de las empresas mediáticas?
Dilma Rousseff.- Durante mi segunda campaña discutimos qué hacer con esto. Pero el señor Eduardo Cunha ganó las elecciones legislativas para ser presidente de la cámara. Y entonces, para disminuir las críticas que él recibía desde los medios, negoció con algunos de estos empresarios de medios. Prometió que a cambio de que lo dejaran de criticar, él detendría cualquier iniciativa del gobierno para regular económicamente a los medios.
Blanche Petrich.- A partir de su destitución, hubo movilizaciones muy grandes, fuertes, numerosas. Pero tampoco de eso se habló en los medios.
Dilma Rousseff.- Sin duda. Los movimientos sociales salieron a protestar antes, durante y después del golpe. Esas manifestaciones fueron escondidas sistemáticamente.
La hora acordada para la entrevista telefónica se agota. Dilma Rousseff debe correr para cubrir su agenda del día: Querida, debo colgar.
Pero antes de despedirse cierra con un tema que la obsesiona: Quiero agregar una sola cosa. En estas movilizaciones contra el golpismo, las primeras en salir fueron las mujeres. Porque ellas fueron una parte importante de mi gestión. Al contrario de lo que es este gobierno, que tiene un gabinete conformado sólo por hombres viejos, ricos y blancos, en mi gobierno hubo muchas mujeres en los ministerio y aplicamos políticas que las beneficiaron mucho, como Bolsa Familia. También hicimos una gran campaña en contra de la violencia contra las mujeres. Temer recortó todo esto desde el primer momento. Por eso fueron ellas las que salieron primero.

Venezuela: salvaje golpiza a un jovencito; queman camiones y ambulancias Estatales

Insurgente.org

Opositores venezolanos atacaron el lunes a un joven a golpes y lo dejaron casi totalmente desnudo sobre el pavimento mientras le gritaban ‘chavista’.
En un vídeo difundido en las redes sociales se observa a manifestantes de la oposición venezolana cómo atacan a un joven no identificado al que tiran patadas en el abdomen, la cara y la espalda, y luego lo dejan casi inconsciente sobre el pavimento mientras le gritan “chavista”.
Reproductor de vídeo
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En las imágenes, de apenas un minuto de duración, se distinguen las gorras y algunas franelas que identifican a los seguidores de los partidos opositores. También se ve que una mujer pide que le quiten el teléfono al agredido que finalmente se lo roban.
Este no es el primer episodio que ocurre en las concentraciones “pacíficas” de la oposición. En otro escenario, los ultraviolentos manifestantes de partidos de derecha incendiaron dos camiones del Ministerio de Transporte y varias ambulancias en una autopista del este de la capitalina Caracas. Conocido como el “Distribuidor Cienpiés”, porque distribuye automóviles de dos artéreas muy importantes de Caracas.
Los radicales que estaban encapuchados regaron aceite en la vía y prendieron fuego a los vehículos para luego levantar barricadas en la autopista en el exclusivo sector de Las Mercedes.
Sin embargo, la oposición se ha desligado de estos actos vandálicos y asegura que su protesta, con la que exigen elecciones generales anticipadas, es “pacífica”.
Horas antes en la misma jornada del lunes, agentes antimotines lanzaron algunas bombas lacrimógenas para dispersar a un grupo de manifestantes que les tiraron piedras cerca de donde miles de personas realizaban un “plantón” contra el presidente, Nicolás Maduro.
Desde hace tres semanas, el clima político en Venezuela se ha atizado por las protestas de la oposición. Muchas de ellas han terminado en enfrentamientos con la policía, que ha resistido a los manifestantes con perdigones y bombas lacrimógenas.
Las protestas convocadas casi todos los días desde el 1 de abril se desataron después de que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) se adjudicara temporalmente las funciones de la Asamblea Nacional (AN), que controla la oposición, y revocara la inmunidad a los diputados.

Los franceses hunden su propio barco

Estamos siendo testigos de un viraje histórico en Francia, donde el antiguo espectro político vuela en pedazos y está apareciendo una nueva fractura. Abrumados por la intensa propaganda mediática que inunda su país, los franceses han perdido las referencias esenciales y se empeñan en ver líneas rojas que ya ni siquiera existen, a pesar de que los hechos son muy claros y de que ciertas evoluciones son perfectamente previsibles.
 | BEIRUT (LÍBANO)  
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Celebración privada en el restaurante parisino La Rotonde. Considerado ya como nuevo presidente de Francia, e incluso felicitado como tal, el aún candidato Emmanuel Macron recibe jefes de las empresas que se cotizan en la Bolsa de París y personalidades del mundo del espectáculo justo después de anunciarse el resultado de la primera vuelta de la elección presidencial. Aquí aparece conversando con su amigo, el banquero Jacques Attali.
Después de una campaña electoral tremendamente agitada, los franceses eligieron a Emmanuel Macron y Marine Le Pen para disputar la segunda vuelta de la elección presidencial.
En este momento, y es un hecho que está lejos de ser casual, ya casi todos los candidatos ahora eliminados, exceptuando a Jean-Luc Melenchon, han llamado a sus electores a votar por Macron, quien debería por tanto alcanzar fácilmente la victoria.
Los dos grandes partidos históricos que habían gobernado Francia desde los inicios de la Quinta República –el ahora llamado Les Républicains (ex gaullistas) y el Partido Socialista (el antiguo partido de Jean Jaures)– han sido derrotados y una formación de nueva creación –llamada En Marche!– aparece en el escalón más alto de esta primera vuelta para disputar la segunda contra la candidata del Frente Nacional (FN).

¿Hay realmente un candidato del fascismo?

No es la primera vez que se produce en Francia este tipo de situación: de un lado, un partidario de la alianza con el país que parece ser la primera potencia del momento –Estados Unidos– y del otro, un movimiento en busca de la independencia nacional; de un lado, todo el conjunto de la clase dirigente, sin grandes excepciones, y del otro, un partido mucho menos homogéneo, que se compone masivamente de proletarios provenientes, en dos terceras partes, de la derecha mientras que la otra tercera parte proviene de la izquierda.
Todo indica que el futuro presidente de Francia será por tanto Emmanuel Macron, un ex cuadro del banco Rothschild & Cie, que ahora cuenta con el respaldo de todos los patrones de las empresas que se cotizan en la Bolsa de París.
Sin embargo, a pesar de todo lo que afirman los prejuicios profundamente anclados en las mentes, la principal característica de los partidos fascistas es… el apoyo unánime que reciben de los poderes financieros.
Esa unanimidad del gran capital viene siempre acompañada de una “unidad de la Nación” que borra todas las diferencias. Para ser iguales, tenemos que hacernos idénticos. A eso dio inicio el presidente saliente Francois Hollande, en 2012-2013, con su ley del «Matrimonio para todos». Esa ley fue presentada como algo que establecería la igualdad entre todos los ciudadanos, independientemente de la orientación sexual de cada cual, cuando en realidad planteaba de facto que las parejas homosexuales y las parejas con hijos tienen las mismas necesidades. Pero había otras soluciones más inteligentes. La oposición a esa ley dio lugar a grandes manifestaciones, que desgraciadamente no planteaban ningún tipo de proposiciones y en las que a veces aparecieron consignas homófobas.
De idéntica manera, en respuesta a la matanza perpetrada en los locales del semanario humorístico Charlie-Hebdo se impuso la consigna «Je suis Charlie!» [¡Yo soy Charlie!], y quienes osaban declarar «Yo no soy Charlie» fueron incluso enviados a los tribunales.
Es muy triste comprobar la ausencia de reacción de los franceses ante la unanimidad del gran capital y la manera perentoria en que se les conmina a recurrir a los mismos dispositivos jurídicos, a profesar las mismas convicciones y a repetir los mismos eslóganes. Así que hoy se obstinan en considerar que el actual Frente Nacional es «fascista», sin otro argumento que el ya lejano pasado de esa formación política.

¿Es posible la resistencia ante el candidato del fascismo?

La mayoría de los franceses creen que Emmanuel Macron será un presidente al estilo de Sarkozy o de Hollande, que seguirá la política de sus dos predecesores. Estiman, por consiguiente, que Francia está llamada a seguir decayendo cada vez más y se resignan a aceptar esa maldición creyendo evitar así la amenaza de la extrema derecha.
Muchos recuerdan que, en el momento de su creación, el Frente Nacional reunía en su seno a los perdedores de la Segunda Guerra Mundial y de la política socialista de colonización de Argelia. Se concentran en la presencia en esa organización de unos cuantos personajes que colaboraron con el ocupante nazi, lo cual les impide ver que el Frente Nacional de hoy no tiene absolutamente nada que ver con esos individuos.
Los franceses se obstinan en ver al entonces subteniente Jean Marie Le Pen –el padre de Marine, la hoy candidata a la presidencia– como responsable de los terribles abusos que Francia cometió en Argelia mientras que exoneran de su enorme responsabilidad histórica a los dirigentes socialistas que trazaron la política colonialista de Francia en aquel país del norte de África, principalmente al terrible ministro francés del Interior de aquella época, Francois Mitterrand, quien años más tarde habría de convertirse en presidente de Francia bajo la etiqueta del Partido Socialista.
Nadie recuerda hoy que en 1940 fue un ministro fascista, el general Charles De Gaulle, quien rechazó el vergonzoso armisticio entre Francia y la Alemania nazi. Considerado entonces como el sucesor oficial del mariscal Philippe Petain –que incluso era el padrino de su hija–, De Gaulle se lanzó solo en la creación del movimiento de resistencia. Luchando contra su propia educación y sus prejuicios, poco a poco reunió a su alrededor –en contra de su antiguo mentor– a franceses de todos los horizontes y tendencias para defender la República Francesa. En esa lucha adoptó como aliado a Jean Moulin, una personalidad de izquierda que años antes había desviado fondos del ministerio de Marina y contrabandeado armas para ayudar a los republicanos españoles en su lucha contra los fascistas.
Nadie parece recordar hoy que un colega de De Gaulle, Robert Schuman, firmó el vergonzoso armisticio entre Francia y la Alemania nazi. Años después, ese mismo Robert Schuman fundó la Comunidad Económica Europea (CEE), la actual Unión Europea, una organización supranacional basada en el modelo nazi del «Nuevo Orden Europeo», en aquel entonces dirigida contra la Unión Soviética y actualmente contra Rusia.

El modelo Obama-Clinton

El ex presidente estadounidense Barack Obama ya expresó públicamente su apoyo al candidato Emmanuel Macron, quien a su vez se ha rodeado de un equipo de política exterior que incluye a los principales diplomáticos neoconservadores y no oculta su respaldo a la política exterior del Partido Demócrata estadounidense.
En Estados Unidos, el demócrata Barack Obama presentó su política exterior utilizando una retórica diametralmente opuesta a la de su predecesor, el republicano George Bush. Pero en la práctica, Obama sólo siguió –en todos los aspectos– los pasos de las administraciones de Bush hijo. Al igual que el republicano Bush Jr., el demócrata Obama aplicó el mismo plan de destrucción contra las sociedades del Medio Oriente ampliado, plan que ya ha causado más de 3 millones de muertes. Emmanuel Macron apoya esa política, sólo habrá que esperar un poco para saber si la justifica hablando de «democratización» o de «revolución espontánea».
En Estados Unidos, Hillary Clinton perdió la carrera por la presidencia, pero en Francia Emmanuel Macron tiene las mayores probabilidades de ganar la segunda vuelta y convertirse así en presidente de la República.
Nada demuestra que Marine Le Pen sea capaz de asumir el papel que Charles De Gaulle desempeñó en el pasado, pero sí son seguras 3 cosas:
- Al igual que en 1940, cuando los británicos no tuvieron otra opción que acoger a De Gaulle en Londres, los rusos de hoy apoyarán a la señora Le Pen.
- Al igual que en 1939, cuando fueron pocos los comunistas que –en contra de las orientaciones de su partido– se unieron a la resistencia, hoy son pocos los partidarios de Jean-Luc Melenchon que darán ese paso. Pero hay que recordar que, a partir de la agresión nazi contra la URSS, todo el Partido Comunista respaldó a De Gaulle y sus militantes fueron mayoría en las filas de la resistencia francesa. No cabe duda de que, en los próximos años, Melenchon y la señora Le Pen acabarán en el mismo bando.
- Emmanuel Macron nunca podrá entender a los hombres y mujeres que oponen resistencia a las fuerzas que tratan de imponer su dictado a su patria. Así que no podrá entender tampoco a los pueblos del «Medio Oriente ampliado», que siguen luchan por su verdadera independencia alrededor del Hezbollah libanés, de la República Árabe Siria y de la República Islámica de Irán.
Thierry Meyssan
Thierry MeyssanIntelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).
 
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