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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

RECOMENDADO CAMBIO TOTAL

La Paz avanza a pesar de la extrema derecha alucinante

Cambio Total. La Paz avanza con cada paso dado por los guerrilleros de las FARC-EP. De nada valen las zancadillas de los “enemigos de...

Hey loco, No dispares!

Vamos a Cuentiarnos la Paz

LOS RICOS NO VAN A LA GUERRA

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Zonas Veredales y dejación de armas

Domínico Nadal, El Cuento de la Semana.

El gobierno de JM Santos está metido en tremendo berenjenal. Como ya lo habíamos previsto y dicho con mucha antelación el gobierno no estaba preparado para la Paz.

Y la Paz lo agarró con los calzoncillos abajo. Además demuestra el enorme desprecio que infligen a los guerrileros en trance de convertirse en miembros de un partido politico legal. O quizá sea por eso.

En las Zonas Veredales no encontraron nada los primeros guerrilleros que llegaron a ellas. Apenas 2 campamentos medianamente acondicionados encontraron los últimos guerrilleros que llegaron. Entre uno y otro media más de un mes. Por qué el retraso? Y son 26 zonas veredales…

No será una muestra del tratamiento a que someterán a los guerrilleros? Ahora sí el “estado” va a “castigarlos” por su atrevimiento de responder con las armas los ataques armados contra la población civil por parte de la fuerza pública? Ahora viene la violencia estructural del estado –fuerza pública, leyes, demoras por parte de funcionarios, burlas, escarnio, etc-, la que aplican todos los días a los colombianos de a pié?

Parece que lo único que le interesa al gobierno y al estado es que los guerrilleros “dejen las armas”. No es necesario que los campamentos no están construidos… total, en la vida guerrillera dormían bajo una carpa de techo y dormían en una hamaca de hule con mosquitero, eso sí. Comían lentejas, frijoles, arroz, carne de vez en cuando, cancharina, y tomaban de refrigerio agua de panela... y ahora se las dan de exquisitos y quieren lomo fino, entrecoté, churrascos...

Ahora se quejan de que la carne les llega en mal estado… Ja! Y que les  metieron unas babosas venenosas quizá con la esperanza que enveneran a los gallardos muchachos que el pueblo aclama a su paso. Y hasta les mandan toallas, una para cada dos guerrilleros… Tranquilos, ellos quieren cumplir, así que aceptarán lo que sea. Las FARC-EP están locas por volver a la vida política legal y nada los hará retroceder…

Esperamos que los muchachos no comiencen a comparar el ahora –en los zonas veredales- y el ayer –en la guerrilla- y saquen la conclusion de que “en la guerrilla se vive mejor”: Tienen los tres “golpes”, medias onces y medias tardes, una toalla para cada uno, una hamaca para cada uno, una cobija para cada uno, una carpa de techo para cada uno, 3 mudas de ropa, botas de hule, ah! y un fusil para todos y además una pistola para algunos de ellos…

Esperamos que al realizar la comparación del ayer y el hoy muchos de ellos NO se regresen al ayer, que parece es el mejor hoy. Esperamos que –como siempre- prime en la guerrillerada la valoración política del paso que están dando y la importancia que tiene para el pueblo.


No quisiéramos que resultaran proféticas las palabras de un campesino en el Catatumbo: ““Hoy los venimos acompañar, pero si el gobierno no les cumple, aquí venimos otra vez  a acompañarlos, para llevárnoslo adonde los trajimos”. 

Elecciones-Ecuador: Los migrantes pueden ser decisivos por el resultado

Entrevista con el comunicador social Dax Toscano sobre el resultado de las elecciones del Ecuador



Por Dick Emanuelsson

QUITO-TEGUCIGALPA / 2017-02-20 / “Lenin Moreno no es Rafael Correa”, dice Dax Toscano, que también es profesor universitario cuando Resumen Latinoamericano toma el pulso del colega, faltando solo 12 por ciento del conteo del padrón electoral a contar. El resultado de esos 12 por ciento será decisivo si habrá o no una segunda vuelta el 2 de abril para definir ¿Quién será el presidente de Ecuador?

Dax Toscano.
En esta entrevista en audio de unos 30 minutos, Dax Toscano responde sobre las inquietudes quienes serán los aliados del banquero Guillermo Lasso en caso de una segunda vuelta y cuáles podrían ser los aliados de Lenin Moreno. En el último caso, Toscano casi descarta un apoyo abierto de algunos de los demás seis candidatos presidenciales que juntos tienen casi 60 por ciento. Puede ser que alguien de ellos deja sus simpatizantes de votar por propia cuenta.

Además dice que no es por automatización que los votos a los seis candidatos serán directamente a Lasso, ex vicepresidente y uno de los mayores accionistas en el Banco de Guayaquil, hombre del sector financiero especulativo que tanto daño hicieron él y sus colegas al pueblo de Ecuador, la mayoría de ellos terminando en Miami.

Los partidarios del candidato Guillermo Lasso (CREO) se han concentrado desde ayer, domingo, al frente del CNE y no aceptará un resultado que no resulta una segunda vuelta. Dax Toscano advierte que actúan de la misma forma como la oposición venezolana que resultó en la Guarimba, en febrero del 2014 en donde murieron 43 personas y 800 venezolanos fueron heridos en el intento de derrocar al elegido presidente Nicolás Maduro. Iguales fuerzas fascistas se levantan hoy la cabeza en Ecuador.


Dax Toscano también toca el tema de la izquierda ecuatoriana y la cúpula de algunas organizaciones indígenas, como Pachakuti, estancada y aliados a la derecha ecuatoriana, respectivamente.

Menciona el papel destructivo y abierto apoyo a la derecha ecuatoriana como el caso del ex MPD (frente del partido maoísta PCEML): “La «izquierda» recontrarrevolucionaria de la Unidad Popular, ex MPD, de la boca de su líder Geovanny Atarihuana, ante la pregunta del periodista de Televistazo de si votarían por Lasso en caso de haber segunda vuelta dijo: «No votaremos por el correismo, hay que votar para acabar con diez años de oprobio». Simple lógica: Estos dirigentes que son la «vanguardia de la Revolución Ecuatoriana», están llamando a votar por LASSO. Viva Enver Hoxha”, resume Toscano.

El resultado de las elecciones en el Ecuador tiene una importancia fundamental en la perspectiva latinoamericana en el sentido de frenar y parar el avance de la derecha y sus patronos del Norte. Toscano sostiene que los partidos y gobiernos progresistas han estado dormido desde el 2008, sin crear los mecanismos para poder elevar la consciencia política de las grandes masas. El resultado ha sido fatal en las más recientes elecciones, con la excepción de las elecciones en Nicaragua. Ahora mucho depende de los resultados en Ecuador.

 Escucha toda la entrevista con Dax Toscano:


Carta a Timo desde la última marcha en el Catatumbo

Escrito por  Frente 33
Guerrilleros del 33 Frente cuentan al jefe de las FARC lo que viven y sienten en el desplazamiento a Caño Indio.

Camarada, quería simplemente contarle lo que estamos viviendo en esta marcha a Caño Indio. 
Dificultades hay muchas, esas, como siempre, nunca faltan en la vida. Algunas pueden solucionarse, otras en cambio quedan en remojo. 
Tal y como nos escribía usted en su nota anterior, al gobierno le quedó grande la logística. Lo que uno ve es que el papel del gobierno nacional es solamente orientar, pero los encargados de cumplir y hacer cumplir quedan con las  manos libres. Preguntaron datos sobre vehículos y alimentos necesarios para el desplazamiento, pero luego manejaron eso a su antojo. Nos tocó contratar carros, 6 en Caño Tomás y 3 en La Esperanza. Y pagarlos nosotros mismos. No sé camarada, pero sí veo que nos falta que algún integrante nuestro haga presencia y esté al tanto acerca de los gastos del fondo de paz, eso no es claro en el mecanismo. Se dice que hay una plata para todo lo logístico, pero, ¿quién verifica en qué se están gastando esos recursos realmente? Por lo que yo entiendo, sólo los del gobierno lo hacen. Y queda mucha duda. No sé si mi opinión será muy corta.
Aquí todos estudiamos la circular suya del 3, así que sabíamos a lo que nos íbamos a enfrentar. Por eso nos  preparamos. Por ejemplo, sabíamos que refrescos no iban a haber por parte del gobierno, así que los compramos. Querían hacernos comer para el desayuno unos frijoles congelados, los mismos que nos tenían en el camino para el almuerzo el día anterior. Por eso compramos desayuno nosotros mismos. Como sabíamos que adonde íbamos a llegar no había nada, echamos tablas, madera, varas esquineras y horquetas, entre otros materiales del monte.  
Lo que vemos claro es que el gobierno no cumple, pero sí quiere que nosotros cumplamos como está escrito, sabemos muy bien que son así. De todas maneras se ve mucho ánimo en la gente nuestra, y respaldo en la mayoría, aunque nos preocupa pensar que esto se vaya a poner feo más adelante, y nos empiecen a incumplir todos los acuerdos. Esa es la sensación que tenemos.
La idea que tenemos aquí es la de avanzar lo más rápido posible en la construcción de las ZVTN, no vaya a ser que llegue el mes de mayo y no las hayamos podido estrenar. Eso es más o menos un bosquejo de lo feo. Ahora le relato las cosas que a la guerrillerada nos dan mucho ánimo y moral. 
Se trata del respaldo de la gente, se puede decir de todo el Catatumbo. Nos acompañaron de principio a fin durante el desplazamiento, en algunos lados nos prepararon la comida, se trasnocharon esperándonos en los pueblos. Nos hicieron salir las lágrimas con esos recibimientos, con su forma de expresar en hechos y palabras lo que sentían.  En algún momento un señor entrado en años nos dijo con voz emocionada: “Hoy los venimos acompañar, pero si el gobierno no les cumple, aquí venimos otra vez  a acompañarlos, para llevárnoslo adonde los trajimos”. 
Eso nos despertó clara la idea de que si el gobierno se mama, es verdad, el pueblo nos acompañará a salir de aquí y volver a las armas, si por desgracia tocara. Esta es la hora, y hay como 300 campesinos en un campamento montado por ellos mismos a 80 kilómetros de la ZVTN. Ese es el pueblo, lo queremos mucho y nos sentimos orgullosos del sacrificio que hemos puesto los guerrilleros por ellos. Yo quedaría contento en la vida, si por nuestra lucha y por estos acuerdos se le resolvieran muchas de las necesidades que padecen en este Catatumbo. De verdad se lo merecen, camarada, es la opinión llevamos la mayoría aquí.

URL Corto: is.gd/VzAgi9

Lejos de todo


Más que un fracaso logístico, el retraso en la construcción de las zonas veredales es la consecuencia de la decisión política de aislar a los guerrilleros durante el desarme.
 Lejos de todo Foto: León Darío Peláez

Hace un año el país todavía mantenía la esperanza de que el 23 de marzo del 2016 se firmara la paz, como lo habían prometido seis meses antes el presidente Santos y Timochenko. Cuando se hizo evidente que ello sería imposible, se bajaron las expectativas y se esperaba que para esa fecha por lo menos se pudiera firmar el acuerdo del cese del fuego.  Tampoco se pudo.  El debate en La Habana, por esos días, tenía rasgos de absurdo. Al reformar la Ley de Orden Público para permitir la creación de estas zonas veredales se le pusieron tal cantidad de condiciones y remilgos, que terminaron en sitios aislados e inaccesibles, sin gente, sin servicios, sin carreteras. El miedo al fantasma de El Caguán, con el que salía a asustar la oposición cada tanto, fue la medida con la que se diseñaron estos sitios.
Y ahí estamos hoy: con un Estado que no conoce su territorio más alejado, al que sólo llega de vez en cuando en helicóptero y por unas cuantas horas. Unas instituciones que no se habían percatado de que llevar materiales de construcción, agua, luz, comida o salud a lo profundo de la Colombia rural es demorado, costoso y complejo. Que el Gobierno no haya podido cumplir con la logística para que las FARC se concentren es fruto de la consigna de aislar a los insurgentes de la población civil, para demostrar que el Estado de Derecho reinaría por fin en las zonas donde estos habían estado 50 años.
El resultado es más que paradójico: quienes querían a los guerrilleros lejos de la civilización, so pretexto de que no hicieran política antes de dejar las armas, les han dado, con su incumplimiento, una plataforma política formidable. Y como si fuera poco, no han sido capaces de copar los territorios abandonados. En muchos lugares la población civil se siente a la merced de las nuevas violencias y no bajo el manto protector del Estado.  
Hay una segunda razón para estas demoras: un desprecio tácito hacia los guerrilleros. Durante seis meses el Gobierno insistió en que los campamentos debían ser de plástico o carpas de camping. No importaban el calor, el hacinamiento, la incomodidad. Para el Gobierno, estos sitios son de paso, sólo para dejar las armas. Le parecía absurdo que los guerrilleros quisieran algo más estable, pues creía, de nuevo, que construcciones prefabricadas derivarían en repúblicas independientes. Luego de meses de ir y venir, de manera tardía, los negociadores oficiales tuvieron que darle la razón a su contraparte. Se construirían lugares de mejor calidad para cumplir el otro objetivo que tienen las zonas veredales: dar inicio a la reincorporación.
La idea que subyace en esta pequeña crisis es que como al fin y al cabo los guerrilleros vienen del monte, que duerman como puedan. Que coman lo que les manden, pues en la guerra se alimentaban de lentejas y arroz. Que se las arreglen para bañarse, pues siempre lo han hecho con totuma; y que se vistan con lo que les llegue, que siempre será mejor que un camuflado. A tal punto ha llegado esta improvisación, que según un jefe de las FARC hace pocos días les enviaron unos kits de aseo que contemplan una toalla de baño por cada dos combatientes.
El problema, tal como lo señaló la Fundación Ideas para la Paz en un análisis reciente, es que esto tiene un impacto directo en la dejación de armas.
Jean Arnault, jefe de la misión política de la ONU, dice en su carta del fin de semana a la CSIVI que en virtud de la falta de aprestamiento logístico, de que no haya una lista completa de los integrantes de las FARC, ni de sus armas, será difícil que el primero de marzo se pueda acopiar el primer armamento contemplado en el acuerdo. El Gobierno, por su parte, en carta firmada por la canciller y por el alto comisionado para la Paz, le respondió de manera airada que los campamentos no tienen que estar listos para que empiece la dejación de armas.
Otra cosa piensan las FARC. “Sería ridículo que a las Zonas Veredales llegaran primero los contenedores de las armas que el agua”, dice un jefe guerrillero. Y otro lo expresó de manera más descarnada: “¿Cómo les digo yo a los guerrilleros que aunque aún no tienen dónde dormir tendrán que dejar las armas porque nosotros seguiremos cumpliendo aunque el Gobierno no lo haga?”
La decisión de aislar a los rebeldes en los confines de los territorios durante el desarme pudo tener razones plausibles desde lo político y lo militar. Pero redundó en un fiasco logístico que puede tener implicaciones en el plano de la seguridad y en la credibilidad del mismo proceso.

La próstata oligárquica !

Domínico Nadal, El Cuento de la Semana

 Se ha convertido en noticia en Colombia. Un adminículo que produce un líquido -el semen- que alimenta los espermatozoides para que vayan en competencia caótica hacia las trompas de Falopio en búsqueda del ovulo al cual fertilizarían y el que llega primero gana, así sea normal, anormal, con carga genética alterada, o chueco, carrera que sirve para nada cuando no hay fecundación del óvulo y los espermatozoides llegan arrriba y nada!, tanta carrera para nada!.

El nombrecito se lo colocaron los griegos, esos manes que también inventaron la dizque llamada “democracia”, y que significa literalmente “uno quien se para antes”, “protector”, guardian”. O sea, la tal prostata “rodea al conducto que lleva la orina desde la vejiga hasta el exterior del cuerpo y tiene el tamaño de una nuez.

El problema está cuando a ciertos se les crece la almendra esa y como aprisiona la uretra entonces crea problemas de micción (no puede orinar) y toca meterle una sonda por la uretra para eliminar la orina y disminuir la sobredilatación de la vejiga.

Por cuenta de unos politiqueros –JM Santos y Ureber, perdón Uribe Vélez- la próstata se ha vuelto famosa. Como en Colombia se está estilando que personas ya mayorcita de edad pretenden un retiro ”digno”, entonces piensan en ser ”presidentes de la república”. Y lo consiguen. Los presidentes colombianos se caracterizan porque son ”viejitos” que mas bien debían estar rumiando sus recuerdos. Pero no…

Primero fue Santos el que tuvo problemas con la próstata. Hizo un cáncer. Cáncer que igual se puede dejar ahí sin tocarlo o se puede operar si es muy agresivo. JM Santos fue examinado en la Fundación Santa Fé (propiedad de Ardilla Lulle) y se hizo operar en los Estados Unidos, todo con gastos pagos por el Estado ya que es un presidente en funciones.

Ayer le ”destaparon el caño” a Uribe Vélez que tenía un crecimiento benigno de la próstata (no era cáncer) y la media mediática “informa” que fue operado en la Clínica IQ InterQuirófanos de Medellín, que salió bien de la cirugía –gracias a Dios porque si se hubiera muerto la mafia hubiera ejecutado a los pobres médicos-, y ya anda pensando en otra trastada contra el proceso de paz.

No sabemos si UribeVélez pagó de su propio bolsillo el costo de la cirugía en una institución privada, que es a dónde van los oligarcas cuando tiene problemas de salud –y también los narcos de todos los pelambres!-.

Se imagina Usted lo que hubiera pasado si los dos personajes hubieran tenido que hacer cola desde las 4 de la mañana para que les dieran cita para un exámen de próstata, o para que los atendieran en Emergencias de algún hospital público. Se imaginan que les hubiera tocado un médico con dedos largos y gordos… Plop! Cuando hubieran conseguido que los atendieran entonces los exámenes de laboratorio. Y peor conseguir una Ecografía.

Ahora bien, el caso de UribeVélez es HPB producida por la actividad sexual desaforada… o es al revés? No recuerdo. Mas un amigo médico me recordó que en la próstata quedan registrados los “polvos”, perdón, las eyeculadas de semen. O sea, UribeVélez tendría por ahí rastros genéticos de Yidis, y las parlamentarias “uribistas pura sangre”.

Total, la atención de los pobres es en los congestionadísimos hospitales públicos y la élite politiquera-epresarial es en la Fundación Santa Fé o en los United States of North America.

Muestra de la enorme brecha entre los ciudadanos. Allende La Paz me ilustra que en Suecia todo el mundo tiene derecho a la misma atención. Los hospitales son propiedad del estado y los puestos de salud que atienden a todo el mundo remiten los pacientes que requieren tratamiento de otro nivel, cirugías, medicina interna, cardiología, etc, y una parte la paga el Estado y una menor parte el paciente. Es de señalar que todos los ciudadanos tienen derecho a recibir su salario, sea porque trabaja, o sea porque está efermo, o sea porque es desempleado, es decir, todo el mundo puede sufragar el costo que le corresponde.

Me dice el corresponsal de Cambio Total en Medellín que cuando examinaron a UribeVélez después miraba al médico con ojos de “ovejo al matadero” y con un arrebol en las mejillas que no pasó desapercibido a sus escoltas… y se preocuparon!

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La verdad al servicio de la convivencia civilizada

Por: Gustavo Gallón* 
El acuerdo de paz previó una “Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición” con tres objetivos: 1) contribuir al esclarecimiento de lo ocurrido, 2) promover su reconocimiento —tanto a favor de las víctimas como por parte de los responsables y por toda la sociedad— y 3) promover también la convivencia en los territorios, es decir, “la creación de un ambiente transformador que permita la resolución pacífica de los conflictos y la construcción de la más amplia cultura de respeto y tolerancia en democracia”.
Son tres objetivos sabios, para los cuales la Comisión contará con 13 criterios orientadores (como la centralidad de las víctimas, el enfoque territorial y la consideración especial por las mujeres y otros sectores más vulnerables) y también con 13 temas hacia cuyo reconocimiento deberá enfocar su mandato. Estos temas son las graves violaciones de derechos humanos e infracciones al derecho humanitario perpetradas; las responsabilidades del Gobierno, de las Farc, de los paramilitares y de cualquier otro grupo; los impactos humanos y en la sociedad, así como en la democracia; y los procesos de resiliencia, entre otros.
Esta Comisión ha sido diseñada no para sustituir a la justicia, sino para complementarla. En otros procesos de paz o de transición a la democracia de las últimas décadas se han creado comisiones de la verdad para reemplazar lo que haría un tribunal, pues se ha renunciado al juzgamiento de los graves crímenes cometidos con ocasión del conflicto. Aquí no será así: el juzgamiento será realizado por la “Jurisdicción Especial para la Paz” (JEP).
Más allá de las sentencias de la JEP relativas a casos individuales, se espera que la Comisión aporte claridad sobre el conjunto de las violaciones del pasado y estimule sinergias entre los actores sociales del presente para que, como dice el Acuerdo, se construyan soluciones de convivencia hacia el futuro basadas en la superación de los “mecanismos históricos de discriminación”. Por esa vía se haría posible la materialización de “los planes y programas de construcción de paz que se pongan en marcha en los territorios”.
La Comisión deberá ser, por consiguiente, una valiosa herramienta para realizar el derecho a la verdad y reforzar el derecho a la justicia, pero también y sobre todo para construir una sociedad nueva, con respeto y tolerancia, como lo prescribe el Acuerdo. El trabajo de la Comisión es propicio para desarrollar lazos de solidaridad entre los sujetos de cada territorio en la medida en que las causas de los conflictos del pasado puedan ser identificadas y abordadas con una perspectiva de construcción en vez de la mentalidad de destrucción y de exclusión que ha prevalecido.
Once comisionados de altas calidades, con participación equitativa entre hombres y mujeres, serán escogidos por un comité integrado por cinco miembros que representan a Naciones Unidas, la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el Centro Internacional de Justicia Transicional y el Sistema Universitario Estatal.
Difícil imaginar una oportunidad mejor para superar la fatídica polarización de la sociedad colombiana.
*Director de la Comisión Colombiana de Juristas (www.coljuristas.org)

La “Cosa Nostra” de la política nacional

Regres
ar a las balas, como lo añoran unos pocos, no puede ser el destino fatal de casi 50 millones de colombianos.

Vuelve y juega. José Obdulio Gaviria Vélez, el ‘consigliere’ del gobierno Uribe y hoy senador de la República gracias a una lista cerrada del Centro Democrático, el primo hermano del narcotraficante más poderoso que ha tenido Colombia, acaba de recordarnos en declaraciones a un medio de comunicación lo que su jefe aseguró antes del plebiscito pasado: que si en el 2018 uno de sus candidatos llega a la Casa de Nariño, echarán por tierra lo acordado entre el gobierno Santos y las FARC.

Así de claro y pelao, como dicen los abuelos en la costa norte colombiana. Así de aterrador, pero con una convicción mucho más espantosa, como si se tratara de dar cacería al felino que entró al corral y atacó el ganado. Esa “Cosa Nostra” de la política nacional, esa familia ideológica de la corruptela cuya farola alumbra un océano de porquería, está representada por las mentes maestras que lideran los intereses de sus partidos. Es, en palabras de Mario Puzo, el “capo di tutti capi”, el jefe de los jefes, el más violento de todos, el que más muertes ha producido y al que todos temen, pero que revisten con un aura de respeto. Así son los partidos políticos en Colombia: mafias con licencia para robar, pero ninguno tan peligroso para el bienestar del país como el que dirige el expresidente y senador, que le apuesta a la guerra como política, como si se tratara de la defensa de la democracia y la inversión social.
El problema no es que un personaje siniestro como José Obdulio Gaviria, de quien Roberto Escobar, alias el Osito, aseguró en su libro Mi hermano Pablo, que “él solía visitarnos en la Catedral y Pablo le regalaba 10 o 15 millones de pesos para sus gastos personales y políticos en Medellín”; el problema no es que este otro mafiosito de la política colombiana afirme que su partido, si alcanza la Casa de Nariño en el 2018, hará soplar sobre Colombia los vientos de guerra que en los últimos años se ha luchado por apaciguar; el problema es que hay cientos de colombianos oprimidos cuyas EPS les “bailan el indio” para darle una cita con el especialista, que piensen que es mejor una guerra perfecta que una paz coja.
Se necesita “tener sangre en el ojo” para afirmar semejante barbaridad. Se necesita ser un desquiciado mental, o un “padrino criollo”, para asegurar que es mejor desatar los ríos de sangre del pasado que aceptar que los miembros de la guerrilla participen en política, o devolverles a los campesinos las tierras que los paras les arrebataron a la fuerza. Es claro que nada de lo que salga de la boca de este señor, o de cualquier miembro de la colectividad política que representa, nos debería sorprender. No olvidemos que en el 2008, cuando desde Naciones Unidas se cuestionó el aumento del desplazamiento de nacionales por motivos de la violencia alimentada por el paramilitarismo en el campo, el entonces ‘consigliere’ del Gobierno aseguró que en Colombia no había desplazamiento sino migraciones.

Fue este mismo señor quien, desde su sillón del Senado, insultó a la ministra de educación, Gina Parody, al llamarla “lagarta rica y gay”. Esto, por supuesto, no sólo dejó en evidencia la altura cultural de este aspirante a estadista, sino que nos permitió ver su definición de ética y su posición profundamente homofóbica. No conforme con lo anterior, amenazó con llevar a cabo un juicio político contra la funcionaria por llamar “mafioso” al jefe natural del CD. De la misma manera, el “honorable senador” fue quien, desde su posición de poder en la Comisión Instructora, propuso ante la plenaria del Senado la nulidad de la investigación que el Legislativo debía hacer o no sobre el futuro del magistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt, acusado de pedir coimas para beneficiar un fallo de la firma Fidupetrol.
Cuando hace unos meses José Miguel Vivanco, director de la División de las Américas de Human Rights Watch, en su paso por Colombia aseguró que el exmandatario, líder de la ultraderecha colombiana, era el menos indicado de los expresidentes para hablar de paz, no sólo hacía referencia a las afirmaciones hechas por José Obdulio Gaviria de echar atrás las negociaciones del gobierno con las FARC, sino que también se refería a las investigaciones que la Fiscalía lleva a cabo contra su hermano Santiago Uribe Vélez, señalado de ser uno de los creadores de la temible banda paramilitar los "Doce apóstoles”. No sólo se refería a los más de 4.000 casos de los llamados “falsos positivos”, sino también a los múltiples asuntos de corrupción administrativa que se dieron durante su gobierno. No sólo hacía referencia al vil asesinato del alcalde de El Roble, Tito Díaz, sino también a los cientos de crímenes de sindicalistas, defensores de Derechos Humanos y profesores abatidos por las balas de los sicarios. No sólo hablaba de las interceptaciones telefónicas ilegales a magistrados y periodistas, sino también a la modificación del “articulito” de la Constitución.

Cuando el exconsigliere de la Seguridad Democrática afirma que echarán atrás lo pactado en La Habana si uno de los suyos llega a la Presidencia de República, en realidad lo que nos está diciendo es que harán todo lo posible por regresar el país a unos de los períodos más violentos de su historia: los tiempos de Castaño y Mancuso. Que eso pase o no está en manos de los colombianos. Regresar a las balas, como lo añoran unos pocos, no puede ser el destino fatal de casi 50 millones de nacionales.

Twitter: @joaquinroblesza
Email: robleszabala@gmail.com
*Docente universitario.

El nivel de aprobación de Stalin por los rusos alcanza su punto más alto en 16 años

 
El índice de apoyo dado por los rusos a Yosif Stalin subió hasta alcanzar su nivel más alto en los últimos 16 años, según informa RBK remitiéndose a los resultados de la encuesta de “Levada Center”. De acuerdo a esas mismas fuentes también habrían aumentado los índices de aprobación de la gestión en el cargo de Leonid Brézhnev y Vladímir Putin.
Según los datos de los sociólogos, en el último año el nivel de apoyos a la figura de Yosif Stalin ha crecido del 37% al 46%. Al mismo tiempo que han disminuido los indiferentes con el Secretario General del Partido de los Bolcheviques, pasando del 32% al 22%, han aumentado aquellos que no aprueban a Stalin. El nivel de aprobación de la actividad de Leonid Brézhnev desde el 2006 ha subido del 39% al 47%, mientras que el número de detractores se ha reducido del 12% al 9%. El número de partidarios del actual Jefe del Estado ha pasado en los últimos 10 años del 76% al 83%. El número de descontentos con Vladímir Putin ha caído del 8% al 5%.
El estudio de “Levada Center” estaba dedicado a la percepción que tienen los rusos de determinadas figuras históricas. Se realizó en 48 regiones entre el 20 y 23 de enero. En total fueron entrevistados 1600 ciudadanos rusos mayores de edad.

La papelera que devora Colombia

Primero fue la tala de miles de hectáreas de selva, después la plantación de pinos y eucaliptos. Como Cartón Colombia primero, como la irlandesa Smurfit Kappa hoy, la papelera se hizo fuerte, silenciosamente, aliada con el poder. “Estamos cambiando agua por basura”, denuncia un veterano ecologista.
En enero de 2016 el acueducto de Salento se quedó seco. La quebrada Cañas Gordas, afluente que abastece al municipio baluarte del turismo en el Quindío, había perdido la totalidad de su caudal, era apenas un chorrito pantanoso debajo de las dos bocatomas que surten al municipio. Mientras la Corporación Autónoma del Quindío responsabilizaba al calentamiento global, autoridades civiles del pueblo, campesinos y ecologistas de la región apuntaron, una vez más, a las cabeceras del afluente: todo, hasta los bordes mismos de la quebrada, está plantado de pinos. Según dicen, son esas plantaciones forestales las culpables de la escasez del agua.
Este conflicto, que se repite en zonas rurales de Sevilla o Pereira, de Riosucio o Dagua, ajusta medio siglo en el país con un nombre propio: Smurfit Kappa – Cartón de Colombia, la multinacional que en 1969 comenzó a adquirir terrenos montañosos a bajos precios para instalar cultivos forestales que sustentasen su demanda de madera en la elaboración de pulpa papelera. Mientras el debate ambiental en Colombia se enfoca con preocupación en los conflictos petroleros y mineros, la multinacional irlandesa exprime silenciosa miles de hectáreas en el país.
Ya en los años 50 se acusaba a Cartón de Colombia (hoy parte de la irlandesa Smurfit Kappa) de arrasar las selvas del Bajo Calima (Pacífico) para emplear la madera produciendo pulpa papelera. 20 años después la compañía comenzó a plantar pinos y eucaliptos, especies sobre las que la FAO (organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura) alerta de que provocan consecuencias negativas sobre los suelos, la biodiversidad y los ciclos del agua, cuando reemplazan los bosques nativos de las regiones tropicales.
Pero las afectaciones no son solo a la biodiversidad y a los cursos de agua. La política de la compañía implica la concentración de enormes extensiones de tierra en su poder, en latifundios forestales que fragmentan las comunidades campesinas, donde toda la dinámica social y económica acaba trastocada. La oposición de ecologistas y comunidades se ha saldado con amenazas y casos de homicidios que nunca se han investigado a fondo. También hay abiertas varias reclamaciones de restitución de tierras por comunidades indígenas y particulares. Hasta el Tribunal de los Pueblos reconoció en 2007 que Smurfit Kappa tiene “una deuda ecológica, social, económica y cultural con el país y el total de sus habitantes”.
Smurfit Kappa Cartón de Colombia poseía en 2015, según sus propios datos, unas 67.926 hectáreas en 454 grandes fincas entre las cordilleras central y occidental. Hay pinos y eucaliptos de Smurfit desde el nudo de Caramanta hasta las montañas del Macizo colombiano, y desde la vertiente del Magdalena hasta la del Pacífico.

Un negocio rentable

Hoy Smurfit emplea a 2.500 operarios sobre terreno y posee una enorme y sofisticada planta de producción de cartón, papel y empaques, en el municipio de Yumbo (Valle del Cauca). Mantener el volumen habitual de producción requiere 830.000 toneladas de madera al año, es decir, cada día entran a la planta alrededor de 300 camiones cargados con troncos provenientes de las montañas del centro y suroccidente colombiano. Las condiciones geográficas de Colombia permiten que sus cultivos sean más rentables y productivos que en cualquier otro lugar del planeta; plantaciones similares de países con gran vocación forestal como Chile o Canadá tardan cuatro veces más tiempo en crecer. La disponibilidad de luz todo el año y de lluvias permanentes son las que posibilitan el rendimiento excepcional de los pinos y eucaliptos en el trópico. En una visita a Colombia, Michael Smurfit, antiguo presidente de la multinacional declaró que “en una industria como la nuestra, los grandes activos naturales, bosques y agua, han sido considerados como los elementos claves del éxito”.
Smurfit-Kappa es la papelera más grande del mundo y hace presencia en una veintena de países. En sus entrañas también hay capital colombiano. En 1986 el Jefferson Smurfit Group, con sede en Irlanda, absorbió la Container Corp., empresa de capital norteamericano que controlaba a Cartón de Colombia, fundada en 1944 por inversionistas antioqueños.
Sin embargo, los socios nacionales nunca han perdido participación en la compañía local: el Grupo Carvajal sigue siendo un accionista minoritario importante de Smurfit Cartón de Colombia. La multinacional opera en el país bajo una complejísima red de empresas subsidiarias, contratistas y asociados, donde inversionistas colombianos terminan sumando sus intereses políticos y económicos con los del capital extranjero.
Smurfit conformó la Asociación Colombiana de Reforestadores (ACOFORE) según la investigación del periodista Walter Broderick recogida en su libro ‘El imperio del cartón’, ACOFORE desplegó un poderoso lobby entre políticos y congresistas para la aprobación de legislaciones a su medida, entre ellas la ley del incentivo forestal que subsidia con dineros públicos al gremio de cultivadores de árboles, donde la multinacional ejercía hasta hace muy poco un papel monopólico.

La larga sombra de la papelera

Cartón de Colombia ha respaldado las campañas de muchos políticos colombianos, incluyendo varios ex presidentes. Según publicaciones de El Tiempo y La Silla Vacía la empresa figura entre las sociedades de capital extranjero y nacional que respaldaron el Gobierno de Álvaro Uribe y sus campañas. En concreto en 2006 Alfredo Carvajal y Juan Martín Carvajal hicieron aportes de 20 millones de pesos. Ambos son propietarios del Grupo Carvajal, a su vez accionista de Cartón de Colombia. En el informe publicado por La Silla Vacía se constataba que el gerente y el presidente de Smurfit también donaron dineros a la primera campaña de Juan Manuel Santos.
Cartón de Colombia también ha sostenido proyectos conjuntos con la Federación de Cafeteros y las Corporaciones Autónomas Regionales, entidades que tienen la responsabilidad de vigilar a la papelera.
Para comprender los vínculos de la multinacional con el establecimiento local basta echar una ojeada al libro ‘Medio siglo sembrando el porvenir’, editado por la empresa cuando cumplió cincuenta años de presencia en Colombia: media docena de Presidentes desfilan en las fotografías conmemorativas de todos esos años y una infinidad de políticos, empresarios y hasta militares aparecen posando con los jerarcas extranjeros y nacionales de la compañía.
Todos los gobiernos otorgaron o ratificaron permisos para que la multinacional explotara las selvas vírgenes del Pacífico en la región del Bajo Calima, al norte de Buenaventura. Entre 1957 y 1974 la compañía recibió cerca de 120.000 hectáreas en concesión, cuando aún no se abastecía de sus propias plantaciones. A partir de ahí, poco a poco la empresa fue haciéndose autosuficiente con los cultivos por lo que acabó abandonando la concesión antes de que acabara el plazo de 50 años.
Después de que la multinacional abandonara el bajo Calima en 1993, el periodista australiano Walter Joe Broderick visitó la zona y realizó la investigación sobre la trayectoria de Smurfit en el país que plasmó en ‘El imperio del cartón’. En este trabajo narró como la selva resultó devastada porque la compañía utilizó un sistema de corte conocido como “tala rasa”, que consiste en talar y extraer todos los árboles del terreno. Las comunidades negras e indígenas asentadas allí, que dependían de los recursos del bosque y hasta entonces convivían en relativa armonía con la selva, practicando sólo cortes selectivos de madera, sufrieron las consecuencias sociales y ambientales de este modelo extractivo. Terminaron trabajando a destajo en aserríos para la multinacional.
“Mucha gente no nos perdona que aprovecháramos bosques naturales durante muchísimos años en el Bajo Calima” admite Ricardo Gómez Londoño, responsable de la operación forestal de Smurfit para el eje cafetero. “Pero es que no era ilegal, y no es hoy en día ilegal, empresas como Maderas Pizano lo siguen haciendo en el Chocó”, concluye.

De la explotación a la plantación

Cartón de Colombia descubrió en la década del 70 que su rentabilidad aumentaría si dejaba de emplear la madera tropical de la selva, reemplazándola por fibras más homogéneas que podían cultivarse en el país con una eficiencia excepcional. Fue entonces cuando arrancaron la política de plantaciones de pino y eucalipto, las dos especies foráneas sobre las que los estudios de la FAO de 1987 denuncian los impactos negativos sobre los suelos, la biodiversidad y los ciclos del agua. La empresa logró mejorar variedades de eucalipto que alcanzan la altura de corte a sólo 7 años de plantados, y variedades de pino que tardan entre 16 y 18 años. En ninguna otra zona del planeta el negocio forestal es tan productivo, ello se debe a las condiciones privilegiadas de luz y agua disponibles en el trópico.
A escala local, finqueros y medianos propietarios de tierras alquilaron sus predios para la instalación de cultivos forestales bajo contratos de asociación, o bien se dedicaron por su cuenta a talar los bosques nativos de sus propiedades y a sembrar coníferas que terminaban cortadas rumbo a los molinos de la compañía. El modelo asociativo, mayoritario cuando Cartón de Colombia comenzó su proyecto forestal, decayó en los últimos años a medida que la empresa adquiría extensos terrenos que ahora le permiten autoabastecerse de madera. La compañía aprobó en 1974 un plan para comprar 30.000 hectáreas en un lapso de 15 años. 40 años después superaban las 67.900 hectáreas en 454 fincas entre las Cordilleras Central y Occidental.
Sus tierras e encuentran repartidas en proporciones iguales en tres núcleos de explotación –norte, centro y sur– que cubren los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda, Valle, Cauca y Tolima. Estas cerca de 68.000 hectáreas suponen más de la mitad de las plantaciones de la multinacional en todo el mundo, que suman poco más de 104.000 hectáreas. Su principal activo forestal se encuentra en Colombia.

Las consecuencias

La otra cara de tan fabulosa rentabilidad son las afectaciones a los cursos de agua y el impacto dañino que los latifundios forestales han tenido sobre las comunidades campesinas, donde toda la dinámica social y económica acaba trastocada.
Néstor Ocampo es un ambientalista de Calarcá (Quindío), reconocido opositor a las plantaciones forestales. Ocampo viajó hasta Irlanda en 2001 para confrontar públicamente a Michael Smurfit, el presidente de la compañía, durante una asamblea de la sociedad. Antes había acompañado los primeros procesos de resistencia civil contra las plantaciones forestales en el país: “Conocimos del problema con los pinos en Darién, Valle del Cauca, desde 1982” explica. “Nosotros creíamos que era un problema de daños al medio ambiente, pero allá descubrimos que era un asunto social, con implicaciones políticas, económicas y hasta ideológicas”.
En los 80 la población de Darién se organizó en un comité cívico llamado ‘No al pino’. Rechazaban la siembra de coníferas porque su municipio, que antes se autoabastecía de alimentos, estaba perdiendo toda vocación agrícola: ya no quedaba quien cultivara la tierra, las plantaciones de pino ocuparon terrenos fértiles, muchos jornaleros perdieron sus trabajos y aquello derivó en una profunda crisis social. Germán Mejía, que luego sería alcalde del pueblo, lideró la movilización. A Mejía lo mataron unos sicarios en 1997, su muerte nunca se aclaró.
Los casos de la dirigente campesina Dila Calvo, asesinada en Riofrío en 1995; los ecologistas Gloria Sofía Zapata, Eder Alexander y Hernando Duque, asesinados en Belén de Umbría en 1998; la ambientalista Sandra Viviana Cuéllar, desaparecida en Cali en 2012, comparten semejanzas con el asesinato de Germán Mejía. Todos ellos fueron líderes opuestos abiertamente al negocio forestal; todos quedaron en la impunidad. El portal Verdad Abierta reveló que en 2015 un juzgado especializado abrió un proceso de restitución de tierras contra Smurfit Cartón de Colombia, debido a la solicitud de un campesino de Bolívar (Valle), quien manifestó que tuvo que vender su finca a muy bajo costo por la presión de grupos paramilitares y bandas ligadas al narcotráfico que operan en la zona.
Un litigio similar sucede desde mediados de los 90 en la región del Alto Naya con un par de fincas donde la multinacional plantó pinos, pero que son reclamadas por una comunidad de indígenas paéces, quienes hasta hoy ocupan los terrenos sin conseguir su titulación. También hay cultivos de Cartón de Colombia en la hacienda El Japio, donde otro grupo de indígenas exige desde 2005 que les entreguen la tierra como parte de los acuerdos con el Estado para reparar las víctimas de la masacre del Nilo.
Por ello, el Tribunal Permanente de los Pueblos, una reconocida instancia internacional que denuncia los abusos a los Derechos Humanos en el mundo, realizó en 2007 un juzgamiento público a la multinacional en Colombia, acusándola de tener “una deuda ecológica, social, económica y cultural con el país y el total de sus habitantes, específicamente con aquellos pertenecientes a las comunidades en donde ha establecido sus plantaciones forestales, en donde ha instalado sus plantas de producción y en donde ha devastado por completo selvas tropicales y otros ecosistemas para abastecer de madera sus fabricas de papel y cartón para empaques”.
Guillermo Castaño, otro veterano ecologista fundador del movimiento ambientalista en el país, resume en pocas palabras la disyuntiva de los cultivos forestales: “¿Cómo es posible que cambiemos la riqueza más grande de nuestra región, que además es de un inmenso valor histórico y natural, por unos cultivos que sólo sirven para hacer cartón? Todo mundo sabe dónde acaba el cartón, es un producto que va a terminar en la basura. Estamos cambiando agua por basura.”

 

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