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Despedida de Cristian Pérez - Sí a la Paz

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Asesinatos de líderes populares: Terrorismo de Estado o “enemigos de la Paz”?

Durante las administraciones de Andrés Pastrana (1998-2002) y Álvaro Uribe Vélez (2002-2006-2010) se produjó la más espantosa cifra de vi...

Hey loco, No dispares!

Vamos a Cuentiarnos la Paz

LOS RICOS NO VAN A LA GUERRA

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En la boca del horno…

Los primeros obstáculos que preveén que se quemaría el pan en la boca del horno. Fast track. Gobierno de Transición. Movilización popular única garantía.

Por Allende La Paz, Cambio Total. 


En la boca del horno se quema el pan… JM Santos. Llevó al proceso de paz al plebiscito, a la refrendación e implementación y ahí se jodió Colombia, o sea, los pobres. Porque la clase politiquera está super contenta porque ahora son ellos los que “legislarán” sobre el Acuerdo Definitivo para una paz estable y duradera.

“Por un Gobierno de Transición”
Ya salen al aire los primeros obstáculos. La Corte Constitucional tendrá que decidir si el Fast track es constitucional o no. Si lo es, bien, se precederá a la Implementación. Si no es constitucional –hoy están 4 a 4- se volverá a la guerra, así los comandantes de las FARC-EP no quieran volver a ella.

Victoria Sandino

Mientras tanto, el Terrorismo de Estado –que sigue vigente aún con Cese Bilateral de Fuegos- sigue cobrando vidas de colombianos pobres. Víctimas inocentes. [Incluso vidas de niñas asesinadas por un drogadicto oligarca que ahora pretenderá cobijarse con la manta de la impunidad pretextando estar “loco”]. Pues bien, el Terrorismo de Estado lleva más de 600 líderes populares a manos de las fuerzas militares-narcoparamilitares.

Esas fuerzas oscuras continúan segando vidas sin contemplaciones. Las fuerzas militares hacen su parte. Las fuerzas narco-paramilitares –muchas de ellas con la orientación del narco-paramilitar No 82 ex-presidente- están desaforadas disparando a diestra y siniestra para sembrar el caos en las filas populares e impedir así su expresión en un intento de paralizar por el terror su libre expresión en favor  de la Paz.

Los “enemigos de la Paz” recurren a un arma por todos conocida. Sembrar el Terror que paraliza hasta el aliento. Mas se han equivocado. Esta vez, el pueblo, los campesinos, obreros, estudiantes, mujeres, etc, se hastiaron de la guerra y han echado a andar. Son múltiples y variadas las formas de manifestarse como lo ha demostrado nuestro pueblo desde el 2 de octrubre 2016.

El pueblo está reconstruyendo su tejido social y acompañará la Implementación, o si las oligarquías no quieren la Paz entonces nos iremos hacia las elecciones del 2018 apoyando un gobierno de transición.

El gobierno de transición sería la única garantía de poder adelantar la Implementación del Acuerdo Definitivo para una Paz estable y duradera. Para ese ese propósito estaríamos acompañados por las ”reservas democráticas” de nuestro país, es decir, los que hasta el momento han estado peleando al lado de FARC-EP y nuestro pueblo por la construcción lo hasta ahora construído, el Acuerdo Definitivo.

  
Allende La Paz

Periodista. Libros publicados: Plan Colombia y Conflicto Interno. Conflicto Interno Colombiano. Libros virtuales que puede accesar aquí. Director de Cambio Total.

Lo que reivindicó la izquierda

Asegurar que la izquierda tiene al país jodido es como echarle la culpa a los pobres de su pobreza y pensar que un salario básico que no llega al millón de pesos es justo para los trabajadores colombianos.

Habría que empezar preguntándose cuántos gobiernos de izquierda ha tenido Colombia desde que se convirtió en República. Por qué si la izquierda es tan mala administradora, como nos han vendido los medios de comunicación y los políticos de turno, el país no progresa y las diferencias entre ricos y pobre se hacen cada día más grandes. Por qué nuestra educación es un desastre. Por qué un grupo de funcionarios del gobierno se roban 4.000 millones de dólares en la construcción de una refinería y no hay todavía un solo capturado.

De la misma manera cabría preguntarse por qué en los últimos 10 años más de 7.000 niños de La Guajira y otros tantos del Chocó han muerto por desnutrición. Por qué se han robado más de 23.000 millones de pesos del presupuesto de la Universidad de Cartagena en las dos últimas administraciones y no hay un solo preso por ese desfalco. Si la godarria que ha gobernado Colombia y administrado sus instituciones a lo largo de 200 años fuera tan buena como nos han metido en la cabeza, por qué el país no arranca y un caudillo perverso, descendientes de mafiosos, se opone a que termine una guerra de 52 años.

Lo que alcanzamos a ver a diario en las grandes y pequeñas capitales departamentales de Colombia es la desesperanza hecha materia. El fleteo disparado, agentes de la Policía convertidos en miembros de bandas criminales, niños pidiendo monedas en los semáforos sin posibilidad de ir a la escuela, gente pasando hambre y el ICETEX sacándole los ojos a quienes tuvieron “la fortuna” de que les aprobaran el sueño de un crédito que con los años se les convirtió en una horrenda pesadilla.

Pero aun así hay un ejército de compatriotas luchando porque todo siga igual, porque nada cambie, porque las desigualdades se profundicen con el paso del tiempo y los mismos de siempre sigan gobernado al país del Sagrado Corazón para que las seis o siete familias que administran el poder continúen explotando al 90% de los colombianos que no tiene nada.

Hay que recordarles a aquellos que solo ven RCN Noticias, NTN 24 y Caracol que la guerrillera no surgió porque unos pelaitos “light” no se les permitió salir de casa una noche, o porque papi no les compró el celular de moda, ni porque no les dieron permiso para sacar el carro. La guerrilla, no hay que olvidarlo, es el resultado de una profunda desigualdad social, de una crisis que tocó fondo, del abandono en el que el Estado ha tenido a extensas regiones del país [sin salud, sin educación, sin trabajo y, sobre todo, sin comida] mientras que los “mismos de siempre” llevaban a los paraísos fiscales del Caribe y Europa las grandes fortunas que con los años se convirtieron en grandes centros comerciales, en enormes haciendas para criar ganado, en extensísimos terrenos productores de alimentos para la exportación y el surtimiento de las grandes tiendas comerciales donde los pobres solo van a pasear.

Tampoco hay que olvidar que Colombia no ha sido gobernada por angelitos, a pesar de que Víctor Hugo afirmara en una oportunidad que la Constitución del 86 había sido escrita para un país de ángeles. Solo recordemos el legado funesto dejado por Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez, dos personajes de la historia nacional que le hicieron más daño al país en dos décadas que la guerrilla de las Farc en cinco, y esto sin mencionar los 8 años aterradores de gobierno del “mejor presidente de Colombia”. 

Los que miran hoy el levantamiento en armas de un grupo de campesinos que le bombardearon sus parcelas por solicitarle al Estado que no los dejara morir de hambre, son los mismos que miran con benevolencia al ejército de paramilitares que iba de pueblo en pueblo, de vereda en verada, de municipio en municipio asesinando a una enorme masa de campesinos que nada tenían que ver con la guerrilla, pero que igual les volaban la cabeza como escarmiento para los otros.

De manera que asegurar que la izquierda radical tiene al país jodido es como echarles la culpa a los pobres de su pobreza y pensar que un salario básico que no llega a un millón de pesos es justo para la gran mayoría del conjunto de trabajadores colombianos. Para los que tienen memoria a corto plazo, aquellos que solo ven por RCN Noticias los “sesudos análisis políticos” de Claudia Gurisatti y sus invitados especiales, habría que recordarles también que los derechos labores no fueron el resultado de la buena voluntad de un grupo de empresarios que se preocupaba por sus trabajadores, sino la lucha sangrienta por la reivindicación de esos derechos por un gran número de empleados explotados hasta el cansancio por sus empleadores.

Ningún derecho ganado hasta ahora que beneficie al trabajador ha sido obtenido gracias a la concesión de los dueños del poder, sino a la lucha sistemática de aquellos que, desde abajo, se han mantenido al frente, exponiendo su integridad física para que la justicia laboral sea resarcida y no regresen más las jornada laborales de 14 horas, ni se repita un hecho como la célebre Masacre de las Bananeras, ni las señoras que se emplean como domésticas en las casas de los señores sean tratadas como esclavas y la salud no se constituya solo en un derecho de papel.

Gracias a esa lucha casi olvidada para muchos, o desconocida para otros, hoy se firman contratos laborales. Hoy el trabajador tiene acceso a la salud, a vacaciones, a primas, a cesantías y, por supuesto, a una pensión cuando su vida laboral termina. Nada de lo anterior se alcanzó sin una lucha tajante de una izquierda desarmada que dejó en el piso su cuota de sangre. La conformación de sindicatos para que esos derechos fueran respetados costó numerosas vidas que en Colombia aún siguen cobrándose por la imperiosa necesidad de algunos poderosos de mantener el statu quo. De ahí la creación de la Ley 100 de 1993 que no solo privatizó la salud y buscó eliminar unos derechos laborales ganados a lo largo de medio siglo, sino que tuvo como objetivo beneficiar a los dueños de las mismas empresas que este fin de año lucharán al lado del gobierno para que el salario básico laboral no supere el 5%. Es decir, no alcance el millón de pesos, lo que en palabras castizas quiere decir que mientras los productos de la canasta familiar suben por el ascensor, las mamás van tras ellos por las escaleras.

*Twitter: @joaquinroblesza /E-mail: robleszabala@gmail.com /*Docente universitario

Sueños con pajaritos preñados…

El corrupto ex-procurador amenazó a las FARC-EP con extraditarlos como hacía en la procuraduría y los corruptos politiqueros le temblaban. Se equivocó “de cabo a rabo”…

Por: José María Carbonell, Revista Cambio Total

El exprocurador sueña despierto. Anda amenazando como cuando estaba en la procuraduría que creía que todo el mundo le tenia miedo. Igual que Uribhitler, claro que al Mafioso 82 hay que tenerle temor, no miedo, porque ese si manda a matar. Recuerden no más la Masacre de El Aro y los subsiguientes asesinatos de testigos claves en el proceso que lleva la Fiscalía (que entre otras cosas avanza a paso de cangrejo)

El exprocurador Alejandro Ordóñez  vociferó en la Convención conservadora que un gobierno conservador estaría dispuesto a extraditar a los miembros de las FARC que incumplan lo pactado en La Habana, y que el próximo presidente de Estados Unidos estará dispuesto a recibirlos (como si el president de USA obedeciera órdenes del megalómano de Ordóñez). 

“Les prometo que llegará un gobierno que no le temblará la mano para extraditarlos a los Estados Unidos por narcotráfico si incumplen los acuerdos, con la absoluta seguridad de que el señor presidente Trump los recibirá con sus cárceles abiertas”, aseveró Ordóñez en una intervención en Corferias. (SEMANA).

Frases huecas que no llevan a la Reconciliación entre los colombianos y por el contrario, demuestran que esos “godos” tienen la mayor responsabilidad en la Violencia que a diario ejercen contra el pueblo y cuyas manos están manchadas de sangre inocente de los recientes asesinados líderes populares, de la Marcha Patriótica y de organizaciones de DH e indígenas. Ello no significa que el partido liberal no tenga responsabilidad en esos hechos (qué dice el “mocho” Vargas-Lleras?).

El corrupto ex-procurador piensa en pajaritos preñados cuando de las FARC-EP se trata. Se imagina que Trump viene a Colombia a recibir las ódenes de él y se va a USA a cumplirlas porque é les Ordóñez. Pobrecito…


Mas no. El pueblo colombiano venció el miedo y “ha echado a andar y su paso de gigante no lo detendrá jamás…”.

“Haremos política sin corrupción y sin mentiras”: ‘Médico’ de las FARC

En entrevista con Semana.com el comandante del Bloque Oriental de las FARC habló de las dificultades que han tenido desde que llegaron a los puntos de preagrupamiento y el momento en el que aterrizarán a hacer política en el país.

Ni es médico y mucho menos dermatólogo. Es uno de los "herederos" del Mono Jojoy. Junto a Carlos Antonio Lozada, Mauricio Jaramillo comparte la dirección del bloque Oriental de las FARC, que ha liderado las más cruentas batallas de esa guerrilla en los últimos 20 años.
Su nombre se hizo visible en el 2012 cuando encabezó la comisión que lideró la fase exploratoria del proceso de paz. No estudió en Cuba ni en la Unión Soviética, como se lee en algunas versiones que circulan en la web. Sin embargo, igual que algunos miembros de las FARC, alcanzó a cursar algunos semestres de medicina en la Universida Nacional.
Semana.com: La implementación del acuerdo de paz está a la vuelta de la esquina, ¿cómo leen las FARC el momento político que atraviesa el país? 
Mauricio Jaramillo: Nosotros queríamos que todo el mundo estuviera involucrado en este proceso. Tratamos hasta último momento que el presidente Uribe se vinculara y hablara con nosotros. Apenas ahora hizo un guiño de que quería hablar. Sin embargo, nosotros dijimos que no es posible seguirnos prestando a que otros personajes hagan política a costa de nosotros, es muy difícil. Nosotros lo invitamos como unas cuatro veces, que fuera a La Habana para que hablara con nosotros. Era necesario que él estuviera ahí para realmente llegar a una paz cierta y para eso tenían que estar involucrados todos los sectores, pero ellos no quisieron.
Semana.com: ¿No les da temor poner a andar la implementación con esta polarización política?
M. J.: Nos da temor en el sentido de que ya hay consecuencias en la calle. Hay mucho dirigente muerto. A final de cuentas nosotros en medio de ese cúmulo de gente sólo somos un sector que quiere echar las cosas para adelante, que el país prospere económicamente. Vincularnos a todas la actividades, políticas, económicas y culturales. 
Semana.com.: Pero... ¿lo ven fácil?
M. J.: Va a ser complicado, la gente siente mucho temor. Este país ha estado signado por eso, por el terror.  
Semana.com: ¿Sienten pasos de otro exterminio político con la oleada de asesinatos de miembros de la Marcha Patriótica y líderes sociales? ¿Cómo esa problemática?
M. J.: La gente ha comenzado a despertar en Colombia. Se han dado muchas movilizaciones y mucha presión sobre el Estado. Es él, el que tiene que parar todo este nivel de violencia y el que tiene darle a Colombia una dirección distinta. Hay que acabar con tanta violencia, muerte y terror. 
Semana.com: Usted hizo parte de la fase exploratoria del proceso de paz, uno de los hombres que ayudó a organizar la agenda que se negoció. ¿Pensó que las cosas iban a terminar así?
M. J.: En el imaginario del camarada Alfonso -que fue el que comenzó todo este proceso- sí, es así. Nosotros siempre aspiramos como en las otras tres veces que estuvimos en la mesa, en que podíamos llegar a una paz.
Semana.com: ¿En qué se ganó y que se perdió?
M. J.: En todo este proceso se ganó mucho. Nosotros hablamos con la gente y les expusimos lo que realmente pensamos. La población colombiana alguna fue receptiva, pero otra fue ganada por el terror y la gente no ve una posibilidad real de que se pueda llevar a un término real, cuando hay violencia. En estos días se han hecho manifestaciones de violencia y la gente nos pregunta, ‘ustedes como van a hacer, los van a matar‘. 
Semana.com.: Y... ¿ustedes que responden?
M. J.: Nosotros no creemos en eso porque de todas maneras está la población, la resistencia de la gente de querer una Colombia distinta. La gente se resiste a eso. Hay una mayoría que quiere la paz. 
Semana.com.: En el Teatro Colón Timoleón Jiménez habló de un ‘gobierno de transición‘, ¿a qué se refería?
M. J.: Un gobierno de transición sería una salida. Es una propuesta válida que le permitiría al país poder repensar como es que hay que darle una vuelta a toda esta situación tan caótica que hay en Colombia. Si sigue habiendo terror, en Colombia no hay posibilidad de progreso. La gente va a a seguir siendo muy marginal. No hay estabilidad laboral.
Semana.com: Pero en qué consiste su propuesta... ¿se ven ustedes? ¿han pensado en el algun candidato que encabece la propuesta?
M. J.: No, nosotros no hemos pensado en absolutamente nadie, todavía. En Colombia hay personas que son demócratas y pensamos que ellos también pueden estar al frente de muchas situaciones de estas. Había que hacerle un planteamiento al país. En Colombia hay muchas figuras democráticas, con aspiraciones reales. Muchos dirigentes políticos, sociales que tienen una capacidad y la expresión popular para hacerlo. 
Semana.com: ¿Podría ser alguien de derecha? ¿Hay espacio para una apertura política, alguien que ya haya hecho carrera y que pueda asumir ese liderazgo?
M. J.: Claro que sí, nosotros estamos abiertos es a poder hablar con todo el mundo. No le vamos a cerrar la puerta a ninguna posibilidad. Tienen que estar todos vinculados o no es posible la paz. Debe haber una integración. 
Semana.com.: ¿Cómo queda en ese panorama el expresidente Álvaro Uribe? ¿Se ven sentados en una mesa con él más adelante?
M. J.: Es posible, él tiene que entender. Hay muchas cosas alrededor que han pasado. Él tiene que reflexionar también.
Semana.com: En el Teatro Colón le hicieron un guiño a Trump, ¿temen que aparezca el fantasma de la extradición?
M. J.: Hay que esperar a ver qué va hacer. Muchas cosas se dijeron previamente en la campaña electoral y ahora que comienza como presidente se siente un cambio. Las cosas que dijo no se sienten con al misma fuerza. Hay que esperar a que se desarrolle esa actividad política de Estados Unidos para poder decir algo. 
Semana.com.: Para el Gobierno el Día D (implementación) arranca una vez estén refrendados los acuerdos, ¿para ustedes también?
M. J.: No, una vez esté la ley de amnistía porque nosotros necesitamos garantías y que se cumpla. Nosotros vamos a la letra de los acuerdos. Allí dice que tiene que haber amnistía general. Por eso decimos: listo, con amnistía nosotros empezamos el proceso de implementación. Vamos a cumplir como lo hemos hecho, vamos a cumplir punto por punto lo acordado. No vamos a echar mano de otra cosa que los acuerdos porque para nosotros es muy importante, tradicionalmente lo ha sido. ‘Marulanda‘ decía lo más importante es la palabra empeñada y nosotros lo vamos a hacer así. 
Semana.com.: Aunque hay unos compromisos fechados, hay muchos de palabra. ¿No temen que el Gobierno les haga ‘conejo‘?
M. J.: Bueno, el principal elemento que va a implementar estos acuerdos es la población. Tanto el Gobierno, como la población y nosotros sabemos en qué sentido van los acuerdos y hasta donde van. Por eso estamos plenamente convencidos de que vamos a llegar a cumplir lo pactado. Es problema de ellos. El compromiso de llegar a la paz es un compromiso colectivo y estamos convencidos de que vamos a llegar. Vamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance.
Semana.com: Una vez dejen las armas estarán disponibles 10 curules en el Congreso, ¿cuál es la directriz para el resto de la guerrillerada?
M. J.: Nosotros planteamos una nueva forma de hacer política. Una sin corrupción y sin mentiras donde la gente pueda expresarse, opinar y que no le vayan a pegar un tiro. Una  donde la gente pueda decir realmente lo que piensa. Por eso, en esta nueva cultura política que planteamos la gente “nuestra” va a estar compartiendo con la población.
Semana.com: ¿En ese proyecto político caben todos los miembros que tienen las FARC? ¿Cuántos esperan arrastrar?
M. J.: Aspiramos que la mayoría. Uno de los procesos que vamos a hacer en este momento es que quienes no tengan la primaria la realicen, que hagan el bachillerato y después también todo lo que ellos quieran. Hay muchos, por ejemplo, que quieren ser médicos, para eso ya las universidades nos han ofrecido ese proceso, algunas de ellas son la Distrital, la UIS, la pedagógica y muchas otras que creen en la paz. Aspiramos que nuestra gente se forme, pues un grupo que no tenga educación no tiene futuro, por eso tiene que haber formación y a eso es lo que le apostamos y por lo que vamos a trabajar.
Semana.com.: ¿Qué va a pasar el día 181 cuando se supone todas las FARC ya habrán dejado para siempre las armas?
M. J.: A partir de este momento en que entramos en un proceso cierto de paz, de que las cabezas nuestras están identificadas con ese proceso, no va a ser un trauma. Trauma en el sentido de que veamos muy lejos esa posibilidad porque toda la vida hemos trabajado a eso. Todavía recuerdo las palabras de los camaradas Jacobo y Manuel, que ellos siempre hablaban de paz. En el imaginario de la gente al decir ‘Jacobo Arenas‘ o ‘Manuel Marulanda‘ es violencia, pero esas son las cosas falsas que han colocado en el imaginario. En eso si ganó Uribe, en darle a conocer a la gente una perversión de la realidad. En ese sentido él es muy hábil y ganó, puso en el imaginario de la gente una cosa distorsionada.
Semana.com: Pero... ¿Bojayá, La Chinita, los secuestrados?
M. J.: Claro, pero cuando nosotros tenemos claro cómo es la situación política en el país, nosotros también hacemos nuestras reflexiones y hacemos los cambios que hay que hacer. Por ejemplo, con el tema del secuestro, el camarada Alfonso planteó internamente e hizo una encuesta nacional y dijo: ‘Eso es un lío terrible‘, creo que fue en octubre de 2011 cuando dijo que no más retenciones. En ese mismo momento se acabó todo, porque eso sí tenemos nosotros, somos una organización donde una vez hay una orientación, inmediatamente se acata.
Semana.com: En esta etapa de incertidumbre usted ha estado con la guerrillerada, ¿qué ambiente se vive allí?
M. J.: Realmente los nuestros viven lo mismo que cualquier persona del país, con expectativas y a la espera de que se estén dando cambios, nosotros tenemos voluntad política y esperamos que la contraparte también.
Semana.com: Pero... ¿han tenido dificultades desde que llegaron a los puntos de preagrupamiento?
M. J.: Sí hemos tenido dificultades en esta primera etapa. La alimentación, en estas dos últimas quincenas, lo ha llevado el Gobierno a las zonas o a los puntos de preagrupamiento. Sin embargo, tenemos problemas con alimentos que llegan deteriorados. Es importante que comiencen a funcionar los mecanismos para que se dé solución. Hay muchos problemas de salud. Anteriormente los solucionábamos con mecanismos propios. Un simple problema de un dolor de muela o algo más complicado es difícil manejar. Por ejemplo, para poder sacar un compañero que tiene una apendicitis, es un lío, le hablamos al mecanismo regional que más o menos funciona, pero no tiene muchas atribuciones y el mecanismo nacional también se ve impedido porque dicen es un mecanismo de seguridad.
Semana.com: ¿Y entonces ahí?
M. J.: Yo participé en una reunión donde hablamos de ese problema, el problema de la salud. Ahí ellos no tienen claro eso, ellos tienen muchas limitaciones, muchas listas y muchas cosas que nosotros decimos que es inaceptable. Esas listas no solucionan el problema interno allá, son paliativos: un analgésico, un antibiótico que no soluciona un problema más complicado. Ellos tampoco tienen claro eso, es muy difícil así. 
Semana.com: ¿Qué les dicen en el Gobierno?
M. J.: Ya estamos resolviendo eso con ellos. Por ejemplo, habitaciones para nosotros. Nos iban a meter debajo de unas carpas. Nos decían -ustedes que son tan hábiles y esas caleticas con plásticos... pero así no es. Nosotros también entramos en una etapa distinta, nosotros tenemos que darle dignificación a los guerrilleros nuestros. Mínimamente coloquen unos prefabricados y por lo menos tratar de darle una idea de que podemos construir una cosa permanente para ellos.
Semana.com: Actualmente, con el cese al fuego, ¿cómo transcurren los días en la selva?
M. J.: El orden del día de nosotros comienza a las cuatro de la mañana. Nos levantamos, nos tomamos un tinto y comenzamos las labores diarias. Comenzamos a estudiar y a definir cómo va a ser el día y nos damos un orden. En la tarde hacemos un balance de cómo nos fue y qué problemas tuvimos. Hay un momento militar donde hacemos una relación de qué ha pasado.
Semana.com: ¿Cómo están manejando el tema de la disidencia del Frente Primero?
M. J.: El problema del primero creo yo que hay unos 80 a 100 compañeros que salieron de la organización. Creemos que algunos están a la fuerza, ya que no permitieron en un momento determinado tomar una decisión. Están cooptados por otras personas. La reacción inmediata fue crear el Primer Frente. Ahí tenemos una comandancia en cabeza, el camarada Gentil Duarte.
Semana.com: ¿Quién está al frente de esa disidencia? ¿Temen que se replique?
M. J.: Es un personaje que le dicen Iván, Mordisco. Todo mundo lo tiene identificado. Nosotros internamente ya le dimos manejo a esa situación. No se repetirá, ya estamos definidos qué vamos a hacer en este periodo. 
Semana.com: ¿En qué va la entrega de los menores que alimentan las filas de las FARC?
M. J.: Nosotros teníamos como norma que los ingresos a las FARC era entre 15 y 30 años. Nosotros la cumplimos hasta que nos reunimos con el Gobierno y dijimos vamos a variar esa edad, a partir de ese momento dijimos: ‘tenemos estos compañeros que ingresaron a los 14 o 15‘. Pero, eso es una violación a la norma nuestra. Ya se ha hecho unas entregas. Es muy difícil decir que tenemos más niños. 
Semana.com: Y... ¿en que quedó el proceso de restitución y el de desminado?
M. J.: Todo es un proceso que se ha venido adelantado y se han venido cumpliendo fechas con algunos traumas. Por ejemplo, en el frente Yarí hicimos una eliminación de explosivos con el Gobierno y la participación de la ONU. Estamos cumpliendo. 
Semana.com: Uribe anuncia un referendo, ¿temen que tumbe el acuerdo de paz?, ¿sienten que hay seguridad jurídica?  
M. J.: No, inclusive pregunto en qué punto quedó vulnerable. A los guerrilleros les dijimos: ‘esperemos a ver cuál es la orientación oficial‘. ¿Cuáles fueron los cambios que dijeron y que hablaron que había modificado ese acuerdo inicial?. 

La participación en política de los exguerrilleros

La Ley 77 de 1989 permitió el indulto de miembros del M-19, salvo por los homicidios fuera de combate y los actos de ferocidad y barbarie.
Por: Yesid Reyes Alvarado - El Espectador. 

En 1992, invocando esas limitaciones, un juez sin rostro llamó a juicio y ordenó la detención de 31 de sus excombatientes por hechos ocurridos durante la toma del Palacio de Justicia, medidas que cobijaban a Antonio Navarro (que a los pocos meses de haber dejado las armas ayudó, junto con Everth Bustamante, a redactar la Constitución que nos rige), y a parlamentarios como Vera Grave o Rosemberg Pabón, quienes hacían parte de un grupo de 21 antiguos guerrilleros que habían llegado al Congreso apenas un año después de desmovilizarse.
La crisis se superó gracias a la intervención del senador Álvaro Uribe quien conformó una comisión (de la que hizo parte él mismo y que discutió el tema con el entonces ministro del Interior, Humberto De la Calle) encargada de redactar la Ley 7 de 1992, que amplió los efectos de la amnistía para que cobijara “todos los hechos” sobre los que se hubiera ejercido acción penal, con el argumento de que la paz es “un derecho ubicado dentro del capítulo de los derechos fundamentales y como un deber de obligatorio cumplimiento”. Mientras en la exposición de motivos se decía que “La consecución de la paz es la principal justificación del proyecto”, en el texto de la ley quedó claro que esa medida se adoptaba “en desarrollo de una política de reconciliación”. Esa iniciativa del senador Uribe no solo permitió salvar el proceso de paz con el M-19, sino que garantizó la participación en política de sus exintegrantes desde el año siguiente a su desmovilización y sin haber cumplido ninguna sanción previa, entre ellos Rosemberg Pabón (director del Departamento Administrativo de Economía Solidaria durante el gobierno de Uribe) y Everth Bustamante, hoy senador por el Centro Democrático.
Uribe logró la ampliación de ese indulto pese a que la Ley de amnistía excluía de ese beneficio delitos como el homicidio fuera de combate o los actos de ferocidad o barbarie; lo hizo aludiendo al supremo derecho constitucional a la paz y como parte de una política de reconciliación que ha sido exitosa. Los otrora integrantes del M-19 han jugado un papel destacado en la vida política nacional y son ejemplo de reconciliación con una sociedad que aceptó no enjuiciarlos por sus delitos; que por cierto no fueron de poca gravedad, como piensa Marta Lucía Ramírez, quien quizás no recuerda el asesinato de José Raquel Mercado, o el secuestro de Álvaro Gómez o las tomas de la embajada de República Dominicana y del Palacio de Justicia con rehenes civiles.
El discurso del senador Uribe sobre la necesidad de una reconciliación nacional al amparo del supremo derecho constitucional a la paz que invocó en 1992, para permitir que los guerrilleros desmovilizados pudieran participar de inmediato en política, sigue vigente; solo que esta vez los desmovilizados se comprometen a acudir a la comisión de la verdad, a reparar a las víctimas, a someterse a un proceso penal por sus delitos y a recibir sanciones por los mismos, aunque sean prioritariamente restaurativas.

Minas antipersonales: arma de todos los ejércitos del mundo

[Especial para Revista Cambio Total]

2012-08-05
2014-4-4

Todos los ejércitos del mundo han utilizado -y siguen usando- las minas antipersonales. Todos sin excepción. Por ello llama la atención la alharaca, aprovechada o mandada por los gobiernos colombianos, de señores de ciertas ONGs cuando presentan sus ”Informes” y excluyen de él al gobierno colombiano.

En agosto de 2007 un señor Vivanco, cómodamente instalado en su Oficina en Washington, ”informa que ”Según el Observatorio de Minas de la Vicepresidencia de la República de Colombia, las minas antipersonales mataron a 287 personas en 2001. Desde ese año, el número de víctimas creció en forma alarmante: fueron 627 en 2002, 732 en 2003, 877 en 2004, 1112 en 2005 y 1107 en 2006” y lógicamente inclina la balanza hacia un solo lado, el lado del gobierno. Igualmente en 2007 hubo 898 víctimas y en 2008 hubo 711 víctimas.

El argumento para condenar el accionar de la insurgencia cuando utilizan los minados antipersonales es que las guerrillas usan las minas antipersonales para ”impedir el acceso de militares y policías a zonas de cultivo ilícitos”. Ahora bien, es necesario clarificar que el uso de ”minados” por la insurgencia armada tiene una cualidad: son armas de ataque, no de defensa. Es raro que la guerrilla siembre un minado y lo deje allí. Según nuestro conocimiento, el que coloca el minado, si la tropa objeto de ataque no ”cae” en el minado, tiene la responsabilidad de ”levantarlo” ya que dejarlo allí es una pérdida de recursos y porque podría afectar la población civil.

Según la propia vice-presidencia de la república, dos tercios -66%- de las víctimas de las minas antipersonales son fuerzas estatales, lo que demuestra claramente la intencionalidad de uso de las minas como arma ofensiva por parte de la insurgencia, (Ver en: http://www.internal-displacement.org/8025708F004CE90B/(httpDocuments)/946DAB92079CE242C12575E100500210/$file/180209+Separata+MAP+2009.pdf). Lo cual significa que de acuerdo con las cifras estatales de las 6.351 víctimas de las minas antipersonas en Colombia, 4.191 son militares o policías.

El diario El ESpectador de Bogotá amplía éstas cifras "desde 1990 y hasta el 31 de marzo de 2012 las minas han dejado 9.755 víctimas, de las que han muerto 2.044. Del grueso de las víctimas, 3.693 son civiles y 6.062 militares. (Ver en: Víctimas minas antipersonales ).

También llama la atención que no se diga que quienes siembran y dejan abandonadas en el campo las minas antipersonales son las propias fuerzas militares-narcoparamilitares, quienes si las utilizan como armas defensivas para tratar de proteger sus bases y campamentos. Igualmente las fuerzas militares utilizan las minas como armas ofensivas cuando lanzan bombas racimo que siembran cientos de  antipersonales con cada bomba. Se atreve alguien desde los medios en poder de la oligarquía a denunciar ésta aberrante situación.

La guerra es la crueldad máxima del ser humano practicada contra otro ser humano. Las armas son para aplicar crueldad en otro ser humano. Las minas antipersonales como armas son para matar o herir al enemigo. No son para enviar un mensaje de paz. Por ello estamos completamente de acuerdo con la ”senadora de la Paz”, Piedad Córdoba, cuando denuncia que también los militares utilizan las minas ya que ésta denuncia tiene el deber patriótico de sensibilizar al mundo y a los colombianos de la necesidad de parar la guerra, única forma de proteger la población civil de los efectos de una guerra impuesta por la oligarquía nativa encabezada por JMSantos y por el imperio.

HV



Colombia un país dividido

La Paz no divide a los pueblos. La guerra sí. La guerra los divide, los mata y les causa dolor. En cambio la Paz es Fuente de alegrías. La división del pueblo es parte de la estrategia oligárquica para mantenerse en el poder.

Por: Domínico Nadal, El Cuento de la Semana. 
 
 

Era un país que… se llama Colombia y ha sido un país dividido, fragmentado, como parte de la estrategia oligárquica para mantenerse en el poder. La estratificación es prueba patente de lo dicho. La clasificación de barriadas de acuerdo con el poder adquisitivo de los habitantes mantiene esa apestosa diferenciación.

Esa diferenciación o división viene de años atrás. Recordemos no más a las “señoras” capitalinas –de las grandes ciudades- que asistiendo a sus canasta de tés y poker se referían –todavía lo hacen- a los trabajadores como la “plebe”, “zarrapastrosos”, que son “flojos” y vagos y que gustan de todo lo malo, mientras ellas son “divinidades” que merecían ser “inglesas”, europeas o por lo menos “gringas”.

Compraban telas traídas de Europa y la moda la dictaban los señoritones modistos de Europa. Aprendían medias palabras en inglés, francés, algunas en alemán, porque ello les daba ”caché”. Sus hijos iban a escuelas bilíngües y la educación superior la “estudiaban” en el extranjero, en “La Sorbona” o en Oxford, o al menos  en Harvard, ”porque si vieras, mija, esos gringos son medio brutos, siempre quieren sexo, sexo, sexo”.

Esas señoras no trabajaban, no, qué horrors! Sus mariditos se rompían el lomo llevando el dinero para que ellas, las “princesas”, se dieran la gran vida o se mantuvieran preocupadas porque la señora Mancilla se hizo un peinado con un peinador francés, lindo él, que estaba de paso por Bogotá, ala! Te podrás imaginar, linda…

La division del país se puso de presente con “la Violencia”. Los oligarcas, que azuzaron la división del pueblo entre liberales y conservadores, los llevaron a la guerra y en esa guerra intestina, fratricida, ningún oligarca murió. Un millón de desplazados y 300.000 muertos y ningún oligarca murió por causa de la guerra desatada sin pudor con el asesinato del ”negro” Jorge Eliécer Gaitán. Ni siquiera salieron heridos porque nunca fueron a matar rojos o azules porque para eso tenían a los que si iban a matar los mismos, pueblo puro contra pueblo puro, pobres contra pobres.

Vino el Frente Nacional y la división se acentuó. División en el manejo del estado. 4 pa tí, rojo, 4 pa tí, azul. Si no eras rojo o azul no podías entrar a un cargo público y de esa manera se crearon las clientelas, o mejor, se empotraron en el poder. En el gobierno no cabía ningún otro color. Menos si era rojo purpura, rojo comunista. Era un pecado mortal si eras “negro” o “indio”, comunista, mocho o tenías una discapacidad.

Los hijos de esas señoras y senoritones eran “super inteligentes” y cuando tenían un hijo con Síndrome de Down lo enterraban en vida porque, qué vergüenza, tener un niño así. Ah, castigo de Dios!

Ahora esos señores oligarcas -que siempre han mantenido al pueblo dividido- salen con el cuento de que la Paz ha dividido a la sociedad colombiana. Será a la oligarquía, porque el pueblo siempre ha estado dividido. Es importante, transcendental, que ahora cuando el pueblo sacude el Terrorismo de Estado, se enfrenta a él y lo supera reconstruyendo su tejido social siga tejiendo ese tejido a fin de construer la Paz.


La Paz no divide a los pueblos. La guerra sí. La guerra los divide, los mata y les causa dolor. En cambio la Paz es Fuente de alegrías. Basta ver las caras sonrientes de madres del pueblo con sus hijos en brazos observando por televisión la firma del Acuerdo de Paz o el Cese Bilateral de Fuegos. Eran caras alegres, llenas de esperanza.

El nuevo acuerdo y una rectificación

Por: Salomón Kalmanovitz - El Espectador.
Un amigo me preguntó el lunes pasado si estaba en contra del nuevo acuerdo de paz, a lo cual respondí que lo apoyaba.

La impresión que le había dejado era que se le habían hecho tantas concesiones a los del No que el acuerdo quedaba muy debilitado. El meollo era que había amplificado como cierta la cancelación del nuevo catastro que había expresado otro columnista, algo que al leer con cuidado el texto acordado encontré que se mantenía sin modificaciones.
El nuevo texto dice que el Gobierno pondrá en marcha “un Sistema General de Información Catastral, integral y multipropósito, que en un plazo máximo de siete años concrete la formación y actualización del catastro rural, vincule el registro de inmuebles rurales y se ejecute en el marco de la autonomía municipal”. Asimismo, otorgará subsidios para que los municipios más débiles y los predios pequeños puedan contar con catastros actualizados y se implementará prioritariamente en los municipios más afectados por el conflicto. Se continúa con la delegación en los Concejos municipales de la fijación de las tarifas de los impuestos prediales, aunque estos deben contar con una estructura progresiva, algo que requerirá una reforma tributaria territorial. Se redefinirán las reservas forestales que tengan vocación agrícola y no se les concederán poderes especiales a las comunidades sino que seguirán en cabeza de las autoridades tradicionales.
Las concesiones que se le hacen a los voceros del No tienen que ver con un período más largo para hacer las grandes inversiones que requiere el campo, de 15 y no diez años, y que estas no vulneren los equilibrios fiscales. Se reconoce explícitamente el respeto a la propiedad privada y se acepta la combinación de gran agricultura con la campesina. Se les resta apoyo a las zonas de reserva campesina y se deja entender que no habrá nuevas.
Lo que es cierto es que las Farc cedieron en muchas partes del acuerdo inicial y estuvieron al borde de cruzar sus líneas rojas. No aceptaron, y no podían hacerlo, que se les impidiera su participación en política, para lo cual se habían comprometido a cesar el uso de la violencia y terminar así con el conflicto de 52 años. El vocero del No, Álvaro Uribe, se sintió tan empoderado que comenzó a hacer exigencias en todos los temas de la vida nacional, como si hubiera sido reelecto; entre otros, demandó que no se hiciera el nuevo catastro ni se ajustaran sus valores, porque piensa que los terratenientes tienen el histórico derecho a no pagar impuestos. Pero el No había ganado por estrecho margen un plebiscito que no era precisamente una elección general, así que no tenía por qué hacer exigencias que él mismo sabe que son inaceptables.
Es muy impresionante que Uribe y Andrés Pastrana no tengan estatura de estadistas, que no puedan aceptar que deben pasar a buen y digno retiro. Si uno los compara con Alberto Lleras, quien siempre defendió las instituciones democráticas, resaltan sus desmedidas ambiciones individuales y sus atropellos contra el Estado de derecho. Lo mejor para la sociedad es que no ejerzan el poder nuevamente y menos que lo hagan en forma destructiva.
Entramos en una fase de incertidumbre propiciada por los que pretenden exterminar a los que se alzaron en armas contra el Estado, a pesar de que están dispuestos a abandonarlas y aceptan todas sus reglas de juego. Ahora los subversivos son otros, los de la derecha recalcitrante.

El espinoso dosier del general preso por 'falsos positivos'

 

Dossier Álvaro Uribe Vélez

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